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Palabra Obrera - Boletín Especial - junio 2005

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El proceso revolucionario, el gobierno del MAS y la Constituyente

 

1“Eslabón débil” en Sudamérica

La situación boliviana se inscribe en un contexto regional de “contención” bajo los gobiernos “posneoliberales”, apoyada en la buena coyuntura económica (alimentada por altos precios de los hidrocarburos, la soya y otras materias primas, así como por la recuperación de los mercados internos) y en la erosión de la hegemonía norteamericana a nivel regional (con EE.UU. concentrado en Medio Oriente, región estratégica donde está profundamente comprometido militar y políticamente -guerra de El Líbano, empantanamiento en Irak, etc.-).

Esto otorga algunos márgenes de maniobra a las burguesías latinoamericanas, siendo un rasgo de la situación la crisis del orden semicolonial regional ante la relativa pérdida de control norteamericano y la polarización entre los países que se posicionan para regatear con Estados Unidos, desde Brasil y Argentina a Venezuela; y los que se postulan como sus agentes “consecuentes” en la región (México, donde se ha abierto una importante crisis política, Chile, Colombia y varios países centroamericanos).
Esto no significa que pueda consolidarse fácilmente un bloque “sudamericanista”, pues pese a las frecuentes reuniones y discursos, hay profundas contradicciones que separan a los aliados “progresistas”, como la resistencia al esfuerzo de Brasil por consolidarse como “líder regional” por parte de Argentina y Venezuela.

En Bolivia se entrecruzan muchas de estas tensiones. El país se convirtió en los últimos años en un “área de falla”, un “eslabón débil” en la cadena regional de semicolonias, combinando la profundidad de la crisis “orgánica” de la dominación burguesa, con la irrupción de un profundo y radical auge de masas. Así, Bolivia fue desde el año 2000 una trinchera avanzada de la lucha de clases, preocupando seriamente al imperialismo y a los países vecinos y llevándolos a temer el surgimiento de un “estado fallido” en el corazón de América del Sur.

Al mismo tiempo, la valorización de las reservas de gas de Bolivia agudizó el interés por el mismo de las transnacionales imperialistas, pero también la competencia entre sus vecinos más fuertes (Brasil, Argentina, Chile), asociados a distintas transnacionales, por acceder a este recurso estratégico para los planes de integración regional en discusión.

Con el aval de Estados Unidos, que mantiene una política de frialdad y presiones sobre el gobierno del MAS, Brasil y Argentina asumen esfuerzos para estabilizar el proceso boliviano. Se trata de controlar ese crónico foco de convulsiones en el corazón de América del Sur. Brasil y Argentina actúan con “comprensión” hacia el gobierno de Evo Morales, combinando el sostén político con las presiones para "moderarlo" y para defender sus intereses particulares en Bolivia: contar con un suministro seguro y ventajoso de gas para Petrobras y la industria paulista en el caso de Brasil (que además quiere hacer sentir su peso regional e influencia en el área andina) o en el caso argentino, para los negocios de REPSOL y su propio papel en el suministro de gas a Chile. Mientras, Chávez aprovecha sus buenas relaciones políticas con Bolivia para negociar en mejores condiciones con los socios mayores del MERCOSUR (integrándola en acuerdos estratégicos como la discusión del “gasoducto del Sur”) los acompaña en la política de “moderar a Evo”, como mostró al sumarse al frío gesto diplomático de declinar la invitación a la apertura de la Constituyente. Entre tanto, Chile trata de abrir nuevos canales de negociación que puedan superar el escollo histórico de la cuestión marítima.

El contexto regional de estabilidad relativa en los países vecinos es un importante factor de contención, que presiona para amortiguar y aislar el proceso de la lucha de clases en Bolivia. Todo esto, si bien le da al gobierno del MAS algunos márgenes de maniobra, con la posibilidad de negociar por separado con sus vecinos, al mismo tiempo lo somete a fuertes presiones, condiciona sus medidas, y deja al desnudo la subordinación de Bolivia (que no logra insertarse en los TLC con Estados Unidos ni en el MERCOSUR), su extrema dependencia de la carta del gas, y las dificultades para una estabilización a largo plazo del país.

2 Una situación transitoria en la lucha de clases

Con la asunción de Evo Morales al gobierno ha terminado una primer fase del proceso de intensa lucha de clases que el país vivió en los últimos años, caracterizada por los levantamientos espontáneos de “todo el pueblo” contra los gobiernos neoliberales de turno y, si bien no se ha cerrado la etapa revolucionaria, hay una nueva situación de carácter transitorio o indefinido, definida por el intento de consolidar una solución reformista a la profunda crisis nacional para desmontar el ascenso de masas.

Desde el año 2.000, con la semiinsurrección de la “guerra del Agua” en Cochabamba, hasta llegar al levantamiento insurreccional espontáneo de Octubre del 2003 -que claramente abre una etapa revolucionaria- y las Jornadas de Junio del 2006, Bolivia vivió cinco años de aguda lucha de clases, en las que las masas, desplegando gran espontaneidad y combatividad derribaron a dos presidentes: Gonzalo Sánchez de Losada, máximo exponente del neoliberalismo, y a su sucesor, el “progresista” Carlos Mesa. Bajo estos embates colapsaron el reaccionario régimen de la “democracia pactada” y sus partidos, emergiendo tendencias a la guerra civil mientras se abría la perspectiva de la descomposición del Estado (con la oligarquía burguesa cruceña buscando autonomía frente a la convulsión política y el avance de las masas en el Altiplano).

El auge de masas, de carácter predominantemente campesino, popular e indígena, acumuló una gran experiencia de lucha, organización y politización, y llegó a desarrollar elementos de un poder dual embrionario y disperso, como en la Coordinadora del Agua de Cochabamba del año 2.000, el papel de los sindicatos campesinos del Altiplano durante los grandes bloqueos aymaras y el rol de las juntas vecinales alteñas en el levantamiento de octubre. En las Jornadas de Junio del 2005 volvió a discutirse la idea de una Asamblea Popular, inspirada en la tradición de los años 70, reflejando la necesidad objetiva de órganos de frente único para la lucha superiores que pudieran adquirir carácter soviético.

Sin embargo, junto a estos grandes logros de las masas, la primera fase del proceso presentó importantes debilidades. Las grandes acciones de Octubre y Junio no lograron derribar el orden constitucional (en ambos casos la sucesión se dio en el marco parlamentario) ni quebrar los pilares del Estado burgués: las FF.AA. y la policía. Tampoco se desarrollaron los elementos de poder dual que habían surgido en el pico de la movilización. Así, las crisis revolucionarias no se transformaron en revolución abierta.

Otra debilidad fundamental es que mientras el movimiento campesino e indígena fue durante los últimos años protagonista avanzado, mostrando la enorme potencialidad de los aliados estratégicos del proletariado, la clase obrera no alcanzó a intervenir como un sujeto social y políticamente diferenciado, pese a importantes luchas del magisterio y los trabajadores de la salud, al rol avanzado de los mineros de Huanuni en Octubre como “guardia obrera”, y a la recuperación de la COB como referente político-sindical del movimiento obrero, y más tarde, en Junio, a incipientes síntomas como el papel de los petroleros de Senkata en El Alto, donde se llegó a discutir el control obrero en la distribución de gas.

Además, la corriente que se fortaleció reflejando distorsionadamente el ascenso fue el populismo indigenista, con el MAS (Movimiento al Socialismo) como su principal expresión, que si bien aparecía como contestatario al régimen y los desacreditados partidos neoliberales, cumplió el rol de contener y expropiar políticamente las tendencias más progresivas de las masas para llevarlas detrás de la conciliación de clases.

Puede decirse que la situación revolucionaria llegó a ser todo lo revolucionaria que lo permitió el papel del MAS y la burocracia de los sindicatos obreros y campesinos.

Así, a pesar de la fuerza del auge de masas y la aguda “crisis orgánica”, la burguesía logró ganar tiempo y márgenes de maniobra. Contando con la decisiva colaboración del MAS, comprometido a “defender la democracia” y la impotente capitulación de otras direcciones tenidas por “radicales”, como el Mallku Quispe y la cúpula de la COB, luego de Octubre impuso la sucesión por Carlos Mesa, y tras el derrumbe de éste en las Jornadas de Junio, pudo organizar el desvío hacia las elecciones adelantadas, habilitando el acceso de Evo al gobierno, pues el MAS aparecía como la única fuerza capaz de contener el proceso revolucionario.

Así, hoy atravesamos una situación transitoria que se caracteriza por:
a) el peso de las concesiones democrático-formales que incluye el “desvío”, vistas por las masas como la posibilidad de barrer a los viejos políticos burgueses y llevar a un dirigente como Evo Morales a un gobierno considerado “propio” por amplios sectores populares;
b) el proceso de la Asamblea Constituyente que, entre muchas contradicciones, canaliza los principales debates políticos y las ilusiones y demandas de las masas;
c) un gobierno legitimado electoral y socialmente, con el que la burguesía en su conjunto, aún cuando haya sectores hostiles, no desea romper, pues comprende que es la única contención posible y espera poder moderar sus ímpetus reformistas, bastante “tibios” por cierto, gobierno que pese a sus gestos simbólicos populistas, trata de estabilizarse y llegar a compromisos con la clase dominante en su conjunto;
d) una coyuntura económica favorable, con un record en exportaciones y cierta reactivación interna que permiten que toda la burguesía esté haciendo buenos negocios e incluso, una leve mejora en la economía popular (aunque es posible que la economía comience a “desacelerarse” este año);
e) elementos reaccionarios, que permiten ejercer mayor presión a la derecha y son desfavorables a las luchas y los sectores de vanguardia.

Las perspectivas de esta situación transitoria está condicionadas por las posibilidades del MAS de asentar su proyecto, lo cual significaría un pacto estratégico con la clase dominante en su conjunto para reconstruir el régimen político-estatal, así como ir revirtiendo la relación de fuerzas con las masas. Si no puede descartarse que logren por vía reformista y a través de pasos sucesivos, cerrar la etapa revolucionaria, menos aún que convulsiones como una ruptura por derecha en la Constituyente, una recesión económica o una nueva oleada de masas, reabran la misma.
Un elemento decisivo será el ritmo de la experiencia de los trabajadores y el pueblo con el gobierno de Evo y las “reformas en democracia”.

3 El MAS en el gobierno

El gobierno de Evo Morales no es la representación directa de los “movimientos sociales” accediendo al poder por “vía democrática”, como dicen sus publicistas. Aunque se presente como un “gobierno popular”, no expresa los intereses elementales de los trabajadores, los campesinos pobres, los indígenas oprimidos.

Es un gobierno frentepopulista que se apoya en las organizaciones sindicales, campesinas y populares para desviar la energía de las masas en el marco de un proyecto de reformas parciales, en colaboración con la burguesía nacional y respetando los límites del orden burgués semicolonial.

Esta tarea de contención está entrelazada con las contradicciones de una pequeña nación semicolonial, empobrecida y asfixiada por la secante dominación imperialista. El MAS, que debe actuar en una situación donde los embates de masas han golpeado duramente un Estado y un régimen débiles y en profunda crisis, intenta ampliar los márgenes para un desarrollo capitalista nacional forcejeando con el capital extranjero, y al mismo tiempo, impulsa una reforma del régimen político con algunas concesiones democráticas, en particular, alrededor de la secular opresión indígena.

Esos elementos frentepopulistas se expresan en el discurso político de Evo, apelando al pueblo pobre e indígena (aunque evitando incitar la movilización); en la relación con algunos de los “movimientos sociales” más combativos en la última etapa, como los cocaleros, en los gestos simbólicos de la “revolución democrática y cultural”.

Este carácter se expresa también en la composición del gabinete ministerial, donde junto a sólidos elementos burgueses (como el ministro de Obras Públicas, Salvador Ric, que posee una fortuna de 30 millones de dólares o el de Defensa, San Miguel) revistan figuras de extracción indígena y popular, cuya tarea es reafirmar la imagen de “participación popular” como el ex burócrata fabril Alex Gálvez (Ministro de Trabajo); o la Ministra Rodríguez, ex dirigenta de las trabajadoras del hogar integrada a la burocracia dorada de las ONGs.

Desde el punto de vista social, los estratos dirigentes del MAS representan la alianza entre un sector de la burocracia sindical campesina y obrera, remanentes de la vieja izquierda reformista (ex stalinistas y maoístas), y un ala intelectual pequeñoburguesa ligada a las ONGs y la Iglesia, apoyándose en los “movimientos sociales” de base campesina y popular. Para esta capa, se trata en última instancia de consolidarse como una “nueva élite” de origen plebeyo, en la administración reformista del Estado semicolonial.

Desde el punto de vista de la organización política, el MAS está cada vez más lejos de la “mezcla explosiva de partido y sindicato” que preocupaba a la burguesía en el 2002, y a pesar de su heterogeneidad y los rasgos organizativos de movimiento laxo, es hoy el principal partido nacional, con miles de cuadros en las municipalidades, el parlamento y la administración estatal, dirigidos por una cúpula que ha demostrado habilidad política a pesar de su inconsistencia y oscilaciones.

Por otra parte, la heterogeneidad del MAS se refleja en la no siempre fácil convivencia entre el bloque que encabeza Evo, socialmente más plebeyo y ligado a las organizaciones de masas y políticamente más populista y nacionalista; con sus principales socios: los sectores pequeñoburgueses como el representado por García Linera, con un sesgo político más “pactista” con la burguesía. Hay además otras corrientes, de distinto origen ideológico, como los nacionalistas burgueses al estilo de Solís Rada, los reformistas típicos -ex PC. Maoístas, etc.- y hasta tránsfugas del movimiento trotkista, todo lo que da pie a frecuentes roces, entre las principales figuras del MAS.
El gobierno basa su fuerza en el amplio apoyo social -que incluye a estratos importantes de las capas medias- y en la legitimidad electoral, pero es débil ante la magnitud de las contradicciones con las que debe lidiar, su escaso control del aparato estatal y militar, la presencia de masas expectantes que vienen de protagonizar un gran proceso de movilización, y la desconfianza de la clase dominante, que no lo considera su gobierno y a pesar de lo limitado de sus propuestas, resiste tenazmente toda medida que parezca perjudicar sus intereses. Mientras un ala de la burguesía nacional se muestra contemporizador y no ve con malos ojos la política masista de ampliar la tajada en el negocio gasífero a costa de las petroleras, otros sectores, como la poderosa oligarquía cruceña, manifiestan una abierta hostilidad.

El MAS busca consolidarse como un “gobierno normal” aceptado por toda la clase dominante y menos dependiente del apoyo de masas, del cual, sin embargo, no puede prescindir. Consciente de sus debilidades y buscando ampliar las bases de sustentación gubernamental, Evo combina la retórica populista e indigenista dirigida a las masas, con apelaciones a las FF.AA., convocándolas a jugar un nuevo rol con la intervención decorativa a los campos y refinerías el 1º de mayo, y “lavándolas de culpas” como con el discurso ante el desfile de Sucre, donde logró que las delegaciones indígenas y populares desfilaran junto a sus represores históricos. Estos gestos muestran la búsqueda de un acuerdo con las cúpulas militares que fortalezca su posición ante las distintas alas burguesas, para negociar un “pacto estratégico” que le permita avanzar en su plan de reformas.

4“Amagar pegar para negociar”

Durante sus primeros tres meses el gobierno del MAS mantuvo un rumbo de concesiones a la derecha, sin cambios en la política económica heredada y pactando con PODEMOS, UN y el MNR la restrictiva convocatoria a la Asamblea Constituyente y un referéndum autonomista a la medida de las oligarquías regionales. Esta política envalentonó a la derecha a “ir por más” con “paros cívicos” en Santa Cruz y Tarija, y comenzó a impacientar a sectores del movimiento de masas, mientras el gobierno iba quedando en una situación de “impasse” y aparecían fricciones internas.

Fue Evo quien retomó la iniciativa política con el Decreto Supremo 28701, anunciado el 1º de mayo como la “nacionalización” de los hidrocarburos, al que siguieron varias otras medidas, configurando un “giro seminacionalista”, endureciendo el discurso y los gestos pero con un moderado contenido para seguir negociando.

Después de las elecciones del 2 de julio siguió un nuevo giro “concertacionista”, donde el gobierno rebajó el tono de sus propuestas e incluso retrocedió en sus anuncios iniciales. Esto obedece tanto a necesidades políticas: no quiere una ruptura en la Constituyente, como a la presión de las transnacionales, los distintos sectores burgueses, los “países amigos” vecinos y el imperialismo. Pero esto marca los estrechos límites de su táctica de “amagar con pegar” en los discursos, los gestos simbólicos y los anuncios (reteniendo el apoyo de masas como una carta más de presión) para “terminar negociando” en los límites de lo aceptable para los intereses del capital nacional y extranjero, con lo que en realidad ni siquiera sus tímidas propuestas se ponen en práctica, lo cual se refleja en la dificultosa marcha de las principales iniciativas gubernamentales:

La política de “seminacionalización” petrolera en crisis:
El MAS pretende modificar las reglas del juego para recuperar para el Estado parte de la renta hidrocarburífera rediscutiendo desde una “posición de fuerza” los términos de la asociación con las petroleras, (en el lenguaje del MAS, no una “nacionalización confiscatoria”, sino “consensuada”), es decir una renegociación de los contratos con las petroleras y una “asociación estratégica” con ellas. Sin embargo, a más de tres meses de lanzada esta política, sólo logró un acuerdo con Argentina (que beneficia a REPSOL-YPFB y sus necesidades estratégicas en el Cono Sur), mientras que las negociaciones con Petrobras están estancadas y el escándalo de la contratación por YPFB de la empresa Iberoamericana SRL para la compra venta de petróleo y diesel con Brasil viola el propio decreto 27801 mostrando la enorme distancia entre los dichos y los hechos del equipo gubernamental, que sale golpeado políticamente con la censura a Solís rada en el Senado. Y lo decisivo es que ni siquiera se han iniciado conversaciones serias para desarrollar nuevos contratos con las petroleras, que están en “huelga de inversiones”, un oscuro horizonte para la política gasífera del MAS.

La “revolución agraria” no pasa de promesas: fue anunciada por segunda vez por Evo el 2 de agosto (aniversario de la reforma de 1953), pero aún no pudo poner en discusión un nuevo proyecto de ley, retrocediendo ante las amenazas de las cámaras agropecuarias del Oriente. En todo caso, apenas pretende modificar la neoliberal Ley INRA, mantiene el proceso de “saneamiento” que sólo benefició a los grandes propietarios, y aunque hable de “acabar con el latifundio improductivo” respeta la gran propiedad y los intereses fundamentales de los ganaderos, los agroindustriales, las madereras, que acaparan más de 40 millones de Has. en el país, por lo que no podrá resolver la necesidad de tierra de los campesinos ni la ruina de la pequeña producción agraria en el Altiplano. ¡El único paso práctico anunciado es la futura distribución de 2 millones de Has. de tierras fiscales poco aptas para la agricultura!

La política minera es privatizadora, aunque se hable de “nacionalizar los recursos naturales”. El gobierno firmó la entrega del estratégico yacimiento de El Mutún a la transnacional Jindal Steel y aliado a los dirigentes cooperativistas, alienta su ingreso en Huanuni, así como nuevas asociaciones con transnacionales en Karachipampa y otros distritos.

La transformación “descolonizadora” de la educación es frenada por los crucifijos.
El intento del MAS de introducir algunos cambios en el contenido de la educación, para abrir espacios a la reivindicación de las naciones originarias y eliminar la materia de religión en las escuelas fiscales, chocó con la cerrada oposición clerical y de los empresarios de la educación privada, ante lo cual el MAS retrocedió apresuradamente, pactó mantenere la materia de religión.

La “dignificación del trabajador”, un discurso vacío: es otra de las promesas del MAS, pero el miserable aumento de 60 Bs. en el salario mínimo no compensa siquiera la inflación de los últimos años. La anulación del art.55 del DS 21060 (de “libre contratación”) fue “consensuada” con los empresarios, según dijo públicamente el propio Evo, y tal como la reposición del fuero sindical, quedan en los papeles, mientras en las fábricas, talleres y empresas siguen los mismos salarios de hambre, la superexplotación de los trabajadores, la persecución sindical y política a quienes quieren organizarse y en fin, la dictadura patronal.

A pesar del discurso nacionalista, una política exterior “pragmática”, que “combina” los acuerdos con Venezuela y Cuba con mendigar la prolongación del APTDEA a Estados Unidos. Los gestos en la política internacional no van mucho más allá que la política interna: un intento de ganar márgenes de maniobra sin romper con el imperialismo.
Defendemos el derecho de una pequeña nación a establecer los acuerdos económicos que quiera, y en particular, a estrechar relaciones con Cuba, pero la inconsistencia de este paso se refleja en que al mismo tiempo Evo quiere salvar la CAN (en crisis por la firma de acuerdos de libre comercio de Colombia, Perú y Ecuador con EE.UU.) y solicita que se mantenga la colonialista APTDEA (Acuerdo de Preferencias en el marco de la política antidrogas de USA),. Ante la escandalosa agresión israelí al Líbano, el gobierno ni siquiera imitó el gesto de Chávez de suspender relaciones diplomáticas con Tel Aviv y militares bolivianos siguen participando en “misiones” de la ONU, como en el Congo.

5 La Asamblea Constituyente

En la misma línea se inscribe la apertura de la Constituyente. El 6 de agosto, en la ciudad de Sucre, se realizaron los actos de instalación con el telón de fondo de una gran fiesta “por la democracia y la unidad nacional”, con la presencia de miles de campesinos y delegaciones de los 36 pueblos originarios y diversas organizaciones sindicales y populares ligadas al MAS.

Pero más allá del tono indígena y popular de los actos donde se renovó la promesa de “refundar el país”, lo cierto es que el MAS buscará en la Asamblea un “pacto social y nacional” de largo alcance con las distintas expresiones de clase dominante, que le permita avanzar en su proyecto, evitando tanto una ruptura con éstas, como el desencanto de las masas que han depositado amplias expectativas en la Asamblea.

Casi como expresión de este propósito, donde los gestos simbólicos están al servicio de la negociación, la elección de Silvia Lazarte como presidenta de la constituyente, impulsada por el MAS por su condición de indígena, dirigente campesina, representante de Santa Cruz y mujer, fue votada por unanimidad (con los votos de PODEMOS, el MNR, etc.) pues coronó la concertación de una directiva donde el MAS cedió importantes espacios a la derecha.

La asamblea comenzó a sesionar en medio de acres disputas entre la derecha y el MAS por la adopción o no de la regla de los 2/3 en el tratamiento de los artículos del futuro texto constitucional... pero se dio paso a una comisión que elaborará el reglamento. Todo esto anticipa el estilo de los debates: entre duros forcejeos, beligerante retórica y tensando mucho la cuerda, antes de sentarse a negociar.

La Ley de Convocatoria y el referéndum pactados entre el MAS y la derecha condicionan de antemano y fuertemente la Constituyente:

 Está atada al reaccionario marco político e institucional vigente, incluyendo la Constitución Política actual y la continuidad de los tres poderes nacionales.

El referéndum autonómico, si bien no fue vinculante puesto que a nivel nacional se impuso el NO, es un fuerte condicionamiento político, legalizando la pretensión autonomista de las oligarquías de Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando.

El MAS gracias a la restrictiva convocatoria electoral pudo asegurarse un virtual “monopolio de la representación popular y de los movimientos sociales”, se propone garantizar la moderación de la asamblea, habiendo integrado en su lista de representantes a militantes del MSM de Del Granado y “notables” como Roberto Aguilar, ex rector de la UMSA (elegido vicepresidente de la asamblea), etc. y además, para buscar aliados o hallar “consensos”, es predecible que modere aún más sus ya diluidas propuestas de reforma.

Para ello, una “cláusula cerrojo” establece que se “aprobará el texto de la nueva constitución con dos tercios de votos de los miembros presentes de la Asamblea”, lo que es un límite auto impuesto por el MAS (aunque éste trate ahora de aliviar este “cepo”), como garantía a la burguesía de que los resultados de la asamblea serán concertados y aceptables.

La composición política de la asamblea da cuenta de una importante mayoría del MAS: 137 representantes sobre un total de 255 asambleístas, mientras que la derecha aparece relativamente débil y dividida. PODEMOS (principal reagrupamiento de la derecha neoliberal) tiene apenas 60 y las tres fracciones del MNR suman sólo 18, Unidad Nacional (del empresario Doria Medina) tiene 8, igual que el socialdemócrata MBL, AS (una fuerza de centro) cuenta con 6 mientras el resto de las fuerzas se reparte 18 constituyentes. El MAS busca tejer alianzas para sumar los 170 votos que necesitará en las votaciones decisivas, y posiblemente su estrategia sea “tensar las cuerdas” tanteando la relación de fuerzas mientras va logrando acuerdos y finalmente, negociar “en paquete”. La derecha sigue una táctica “defensivo-ofensiva” para hostilizar al MAS y arrancarle mayores concesiones. Un sector (como UN) busca posicionarse como el “centro” capaz de negociar y acercar posiciones.

Pero, más allá de la voluntad conciliadora del MAS y de la debilidad relativa de la derecha, nada autoriza a pensar que las labores de la asamblea serán tranquilas. Por el contrario, estamos ante una constituyente cruzada por innumerables contradicciones, y donde están en discusión nada menos que una reorganización del Estado, la construcción de un nuevo régimen político y modificaciones importantes en términos de regulación económica.
Para el MAS, se trata de asentar su pomposamente llamada “revolución democrática y cultural, descolonizadora”, con el fortalecimiento del Estado central en torno al poder ejecutivo y un nuevo régimen político “inclusivo” (es decir, con algunas concesiones democrático-formales a los sectores populares e indígenas). Desde el punto de vista económico, busca incorporar instrumentos de intervención estatal y el manejo de mayores recursos para fomentar su plan económico neodesarrollista.

Por su parte, la derecha burguesa, a pesar de posicionarse con un perfil opositor “duro”, no se ha recuperado del derrumbe de los viejos partidos y no tiene un proyecto político unificado que le permita, por ahora, reconstruir hegemonía propia. Las oligarquías de Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando pretenden erigir con la autonomía de los gobiernos departamentales un contrapeso eficaz a las pretensiones reformistas del poder central, lo que les permite aparecer con una propuesta política. Pero el planteo autonomista no es compartido por otras fracciones burguesas, pues implica una modificación en el peso relativo de cada sector en el manejo del Estado, incrementando el papel de los sectores más dinámicos, como Santa Cruz , a costa de las camarillas de Occidente. Sin embargo, las distintas expresiones de la derecha coinciden en el objetivo de limitar a un mínimo las concesiones a las masas, proteger las posiciones conquistadas en dos décadas de neoliberalismo y defender “la libertad del capital”, utilizando hábilmente las concesiones del MAS (siempre temeroso de chocar con los representantes del capital) para presionar.

Y pese a los esfuerzos del MAS por disminuir su incidencia, es claro que temas como la propiedad de la tierra y los recursos naturales, las autonomías departamentales, regionales y de los pueblos originarios o la relación con el imperialismo, no estarán ausentes.

6 Perspectivas

Por todo ello, lo más probable es que asistamos en las próximas semanas y meses a forcejeos y duras pugnas políticas en torno a la Constituyente y en su seno. Ya los Prefectos autonomistas y los “cívicos” del Oriente están reuniéndose para presionar por la aceptación de sus planteos. Pero si cabe esperar presiones de una derecha envalentonada, no son menos descartables las que pueden provenir del movimiento de masas que deposita muchas de sus demandas -como una respuesta al problema de la tierra y el territorio- en las labores de el asamblea. Las mismas disputas entre el MAS y la oposición puede abrir brechas por las que el movimiento de masas, aún guiado por esas ilusiones y expectativas, ejerza fuerte presión sobre la Constituyente (animados por el deseo de hacer escuchar su voz y hasta animar a tomar “decisiones correctas” a los asambleístas) y puedan irrumpir en el escenario si las brechas entre el MAS y la oposición se profundizan.

En perspectiva, podemos plantearnos tres hipótesis esquemáticas:

a) que tras choques y presiones “in extremis”, el MAS y la derecha vayan arribando a acuerdos en los términos del “pacto estratégico” y la “reforma moderada” que pregona García Linera;

b) que la situación se empantane, lo que puede llevar a la derecha a endurecerse y romper con la asamblea si no logra imponer sus condiciones o teme que la misma escape de control, o bien, a que el MAS intente forzar el paso a su política;

c) que en un escenario de crisis y “cortocircuitos”, intervengan las masas, actualizándose la posibilidad de conmociones mayores y enfrentamientos con la reacción.

En líneas generales puede decirse que es difícil una estabilización a largo plazo en los términos reformistas que el MAS plantea, ante las grandes tareas estructurales democráticas y nacionales, las dificultades para pactar un nuevo régimen con la oposición burguesa y en contener a un movimiento de masas activo y que viene de grandes experiencias de lucha. Las enormes contradicciones económicas, sociales y políticas que laten bajo la superficie del proceso boliviano mantienen abierta (aunque amortiguada) la perspectiva de los grandes enfrentamientos de clases, entre la revolución y la contrarrevolución. Es para esta perspectiva estratégica que tienen que prepararse los revolucionarios.

7 ¿”Apoyo crítico” o política obrera independiente?

Ante el gobierno del MAS la izquierda se divide en varias orientaciones:

El apoyo entusiasta, considerando que el MAS conducirá algún tipo de transformación progresiva del país si se lo impulsa y “aconseja”, posición defendida en Bolivia por el stalinismo y otros sectores que hasta hace poco se reclamaban “radicales”. En las filas del movimiento trotskista se desbarrancan por esta pendiente oportunista corrientes como El Militante, el MST argentino, sectores del PSOL en Brasil, etc.

Diversas variantes de “apoyo crítico” o “vergonzante” que critican a veces muy duramente a Evo en una lógica de presión “dura” para terminar apoyándolo en los momentos decisivos y negarse a levantar una política independiente.
Dentro de Bolivia es la política de sectores del populismo radical alteño, del indigenismo duro (ex MIP) y de la burocracia sindical reformista de izquierda.
Lamentablemente a esta lógica se adaptan sectores del trotskismo, como la corriente representada por PO de Argentina, llevada por su concepción de campos, con el argumento de apoyar críticamente al “mal menor”, se ubica en todos los escenarios electorales a la sombra del MAS.

Una posición particular sectaria, ocupa El POR-Masas, que aunque denuncia al gobierno y defiende la independencia de clase frente al mismo, llevado por su “sindicalismo rojo” aisla a los sectores del magisterio y la universidad que dirige, su abstencionismo político “de principios” ante los escenarios de la democracia burguesa, como la Constituyente, cede este campo gratuitamente al MAS y con su autoproclamación estéril como “el” partido ante las discusiones en la COB sobre la necesidad de un instrumento político de los trabajadores, se niega a la organización política independiente de la clase obrera.

Consecuente independencia de clase frente al gobierno

Esta es la posición que defendemos los trotskistas de la LOR-CI, lo que implica luchar activamente por la organización obrera con una alternativa política clasista, obrera, socialista y revolucionaria.

El punto de partida de una orientación revolucionaria es ligar el impulso a la movilización de las masas con la más esencial de las tareas: ayudar a los sectores avanzados del movimiento obrero a orientarse hacia la organización política independiente, sin lo cual el rico proceso de lucha de clases en marcha en Bolivia corre el riesgo de terminar abortado por el MAS, o aplastado por la contrarrevolución imperialista. Es decir, que todas las tácticas deben apuntar a desarrollar el “campo” independiente del proletariado revolucionario.

Por ello, planteamos no brindar ningún apoyo político al gobierno, mantener la plena independencia política de las organizaciones sindicales, llamando a confiar sólo en las propias fuerzas, organización y métodos de lucha e impulsar la movilización y autoorganización obrera y popular . En el caso de que el MAS se viera obligado a tomar medidas de enfrentamiento real con la burguesía, los terratenientes y las transnacionales, nos ubicamos en el terreno de lucha de las masas, contra la reacción burguesa e imperialista, pero sin apoyarlo políticamente y sin dejar de luchar por una estrategia de poder obrero y campesino, alentando el reagrupamiento de la vanguardia en torno a una política de clase.

8 Ante la Constituyente, movilización independiente

Esta orientación debe concretarse en una política independiente ante una Asamblea Constituyente que no es libre ni soberana, no responderá a las legítimas aspiraciones democráticas del pueblo trabajador y no resolverá los grandes problemas nacionales.

Llamamos a los trabajadores y el pueblo a no confiar en las labores de la asamblea y levantar ante la misma sus propias demandas: genuina nacionalización de los hidrocarburos y la gran minería, sin pago y bajo control de los trabajadores; reversión al Estado de las empresas “capitalizadas”; una verdadera reforma agraria liquidando del latifundio, tierra y territorio de los pueblos originarios, salario y trabajo para todos; salud, educación, vivienda; no pago de la deuda externa y ruptura con el imperialismo.

No descartamos que la Constituyente, producto de las grandes contradicciones que cruzan todo el escenario político, se vea obligada a introducir algunas concesiones de tipo democrático. Sin embargo, esto podría conducir a una crisis mayor en la propia constituyente (lo que plantearía la intervención de las masas) y de todas formas el MAS las utilizará para desmovilizar. No pueden ser argumento para justificar una línea de presión, ilusionando con la posibilidad de obligar a la asamblea a “refundar” el país en interés de obreros, campesinos y pueblos originarios. Deberán ser utilizadas como un punto de apoyo para la movilización independiente.

Es en esta perspectiva que está planteado impulsar toda forma de organización: comités, coordinadoras, etc., a partir de la lucha por las reivindicaciones más sentidas, ayudando pacientemente a los sectores avanzados a extraer la conclusión de que sólo tomando el conjunto de los problemas en sus propias manos, obreros y campesinos podrán derrotar a la reacción e imponer una salida propia a la crisis nacional.

Por ello, y para que la movilización no quede encerrada en las políticas de presión sobre la Asamblea de Sucre y los constituyentes del MAS, es preciso darles una perspectiva independiente.

Proponemos construir un bloque de los sindicatos combativos y clasistas, que estén por la independencia de clase frente al gobierno, y la izquierda obrera y socialista, para alentar todo paso hacia la organización obrera independiente en las empresas, fábricas y talleres, pero también, desarrollando el debate sobre la necesidad de un Instrumento Político de los Trabajadores, como proponen las Tesis de Huanuni aprobadas en el XIII Congreso de la COB hoy “congeladas” por la dirección conciliadora. Hemos peleado en escenarios como este Congreso, por la defensa de la independencia sindical y política frente al MAS y la construcción de un IPT basado en los sindicatos y con democracia obrera, junto a compañeros del sindicato de SITRASABSA y otros. Llamamos los grupos como el MST que dicen coincidir con este planteo a impulsar ese bloque y apoyar con acciones en común la lucha y organización de los trabajadores.
Un bloque así permitiría luchar con más fuerza al interior de la COB, llamando a la FSTMB, al magisterio urbano, los trabajadores de salud, los sindicatos combativos, a que convoquen un Encuentro Obrero y Popular, con delegados de base y con mandato de cada empresa o fábrica, barrio popular o comunidad, para discutir un programa de acción de cara a la Constituyente; un Encuentro así podría convertirse en un polo de apoyo a las luchas y coordinación, abriendo el camino para preparar política y organizativamente una genuina Asamblea Popular, a la altura de los futuros combates.