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Vida y obra del gran revolucionario ruso

 

Fue uno de los mayores dirigentes revolucionarios de la primera mitad del siglo XX. Siendo muy joven, presidió el Soviet de Petrogrado en la primera revolución rusa, en 1905. Dirigió junto con Lenin la Revolución Rusa de 1917, que pro primera vez llevó a la clase obrera al poder.
Construyó y dirigió el Ejército Rojo que venció en la posterior guerra civil a las fuerzas contrarrevolucionarias.
Fue uno de los fundadores de la Internacional Comunista, que agrupó a las mejores fuerzas que luchaban por la revolución en todo el mundo. Posteriormente, enfrentó la degeneración burocrática de la Unión Soviética, encabezada por Stalin, quien lo exilió en 1929, lo persiguió como a muchos otros opositores y finalmente ordenó su asesinato cuando estaba asilado en México, el 21 de agosto de 1940.
En estos duros años, Trotsky sistematizó teórica y políticamente las grandes lecciones y experiencias de este período extraordinario, de revoluciones y contrarrevoluciones que conmovieron al mundo, preservando y desarrollando el legado del marxismo.

Producto de este esfuerzo son la Teoría de la Revolución Permanente -única teoría coherente de la revolución socialista internacional en nuestra época, integrando la dinámica de la revolución en los países industrialmente atrasados como Bolivia-, el método del Programa de Transición (en el que se inspiraron las Tesis de Pulacayo), y análisis insuperados de fenómenos como el fascismo en Alemania, la revolución china y española, la trampa de los frentes populares impulsados por el stalinismo, etc. Ya en su exilio mexicano, produjo interesantes análisis sobre la realidad latinoamericana, que hasta hoy son fuente de inspiración para comprender la realidad de nuestro continente.

La coronación de esta lucha fue la creación de la Cuarta Internacional el 3 de septiembre de 1938, agrupando bajo el programa de la revolución permanente a los militantes que enfrentaban la degeneración stalinista en un momento terrible de la historia, cuando el imperialismo y el fascismo arrojaban a la humanidad a la carnicería de la Segunda Guerra Mundial. En la posguerra, la adaptación de los dirigentes de la joven Internacional a las distintas corrientes reformistas, stalinistas y nacionalistas -como el apoyo a la izquierda del MNR en la revolución de 1952- llevaron a su división y estallido y el trotskysmo se transformó en un movimiento de diversas corrientes centristas (es decir, no consecuentemente obreras y revolucionarias).

Hoy, el combate por construir verdaderos partidos obreros revolucionarios en todos los países es inseparable de la lucha por reconstruir y refundar la Cuarta Internacional como el partido mundial de la revolución socialista.

Por E.M.