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Claves para el análisis

 

1. Una larga crisis política

Septiembre se inició con el empantanamiento de la Constituyente. Desde entonces se sucedió un torrente de acontecimientos: ofensiva de la derecha y paro cívico de la “media luna”, presiones de las petroleras y caída del ministro Solís Rada y su equipo, movilizaciones de diversos sectores. Octubre comenzó con acontecimientos como la represión en Yungas de Vandiola (2 cocaleros muertos) y el estallido en Huanuni (16 muertos y un centenar de heridos), detonando una nueva crisis que arrastró al ministro Villarroel. De un lado, paros transportistas, la marcha reaccionaria “por la paz” en Cochabamba y el vuelco a la derecha de la pequeño burguesía urbana, de otro, movilizaciones como las de Oruro y la COB en solidaridad con Huanuni y otros paros y luchas sectoriales, mostraron la profunda polarización social y política.

El gobierno fue virando claramente a la derecha bajo la presión de la burguesía y el imperialismo. Sin poder satisfacer las exigencias de la clase dominante, comenzó a desgastarse a ojos de sectores de trabajadores, campesinos e indígenas. Jaqueado por derecha, también es cuestionado por izquierda, con el distanciamiento de los trabajadores mineros, la COB -que convocó a su primer movilización bajo el gobierno de Evo-, los cocaleros de Vandiola y otros sectores. Hasta entusiastas consejeros del MAS reconocen que ha comenzado el “divorcio entre el gobierno y los movimientos sociales”.

2. El gobierno cede en toda la línea

El gobierno del MAS viene acomodándose a las exigencias y presiones de las distintas alas burguesas, los “factores de poder” (Iglesia, medios de prensa, etc.) los gobiernos "amigos" y el imperialismo. Sus ya tibias, muy moderadas propuestas se han diluido aún más: hidrocarburos (como muestran las grandes concesiones a las transnacionales en la negociación de nuevos contratos y la venta de gas a Argentina), tierra, educación, coca, etc. Otra muestra es la marcha de la Asamblea en Sucre. Allí, el MAS cedió los “dos tercios”, las autonomías y otros puntos exigidos por la derecha, mientras demagógicamente hizo aprobar la declaratoria de “originaria y fundacional”. Hasta la misma retórica nacionalista e indigenista se ha ido “moderando”.

3. Comenzó el desgaste del MAS

El gobierno que hace apenas 9 meses asumió con un enorme respaldo popular, ha comenzado a desgastarse. El gobierno sufrió dos crisis de gabinete, perdió aliados políticos importantes como los cooperativistas, pagó un gran costo político por los hechos de Huanuni. Expresando su giro a la derecha, ganó terreno el ala más pactista, con García Linera interviniendo en todos los frentes para “apagar incendios” y negociar con la oposición, avalado en todo por Evo Morales, aunque éste busca preservarse como interlocutor con las masas y árbitro en el MAS. Crecen las fricciones internas entre diversas líneas y grupos, peleas de camarillas por porciones de poder como entre el Ministro Ric y el sector de Gonzalo Torrico, pugnas en la bancada constituyente entre “clasemedieros” e “indígenas” y crisis en varios gobiernos municipales masistas.
Pero el elemento más importante es el debilitamiento de los lazos con organizaciones sindicales y populares. Esto se reflejó en Huanuni, en la resistencia cocalera de Vandiola y la movilización del pueblo guaraní, pero también en los actos de conmemoración de Octubre, donde la concentración oficial fue deslucida y dividida, con las juntas vecinales alteñas haciendo su propio acto junto a los heridos de Octubre, mientras la COB y COD Oruro hicieron marchas muy concurridas con fuerte tono crítico al MAS.

El “doble discurso” masista -una retórica antiimperialista e indigenista cada vez más lavada, para encubrir la colaboración con la burguesía y las transnacionales- irrita a la clase dominante sin responder a las expectativas populares ni evitar que en sectores avanzados se acelere la experiencia política con el gobierno

4. El fortalecimiento de la reacción

La política del MAS facilitó la rearticulación y ofensiva derechista. Aunque la derecha política sigue siendo relativamente débil, la alianza de los Prefectos y Comités Cívicos de Santa Cruz y la “media luna”, apoyándose en el “bombardeo” de los medios de TV y prensa empresariales y alentados por el endurecimiento de las transnacionales, el imperialismo y los gobiernos vecinos, arrancó importantes concesiones al gobierno, le puso estrechos límites a sus intentos reformistas e hizo pie en la pequeña burguesía, incluso entre sectores que votaron por el MAS.

No hay unidad en la burguesía, dividida por diferentes intereses económicos y políticos. Por ejemplo, los empresarios de Occidente contemporizan con el MAS y no están dispuestas a plegarse a la “línea dura” de sus pares cruceños ni apoyan su proyecto de autonomías departamentales. Pero todos coinciden en “moderar” y desgastar al gobierno, imponerle estrechos límites e impedir concesiones a las masas. La campaña de ataques contra el supuesto “totalitarismo” de Evo, por el “respeto a la ley y la constitución”, la “libertad económica” y la “defensa de la propiedad privada” es funcional a esa política, pero sirve también para generar mejores condiciones por si les es necesario un mayor endurecimiento: rechazar la futura constitución o hasta intentar desplazar al gobierno si éste no cede completamente o se muestra incapaz de mantener la “gobernabilidad”.

5. Ni siquiera “nacionalismo burgués”

En la crisis de septiembre-octubre, saldada con ese profundo viraje a la derecha del gobierno, quedaron enterradas las ilusiones de algunos sectores de que el MAS pudiera abrazar el camino del “nacionalismo revolucionario” apoyándose en una “alianza militar-campesina” y al menos, hacer algunas reformas “capitalistas de Estado” como las nacionalizaciones de hidrocarburos o minas en los gobiernos de Toro, Paz Estensoro u Ovando. ¿Qué mejor demostración que las tratativas con las petroleras, dejando la proclamada “nacionalización” a medias en nada?
Es posible que el MAS deba hacer nuevos gestos a izquierda, bajo la presión de las circunstancias y obligado a actuar frente a un movimiento de masas muy combativo, o que se vea obligado a hacer concesiones como en Huanuni-, pero Evo y García Linera han mostrado claramente que emplearán todas sus fuerzas en contener y desmovilizar al movimiento de masas, al servicio de la colaboración con la burguesía con un programa que no va más allá del “neodesarrollismo”: asociación con el capital privado y las transnacionales y a las posiciones económicas fundamentales que acumularon en dos décadas de neoliberalismo.

6. Huanuni, un hito en la recomposición del movimiento obrero

En este marco irrumpieron los mineros de Huanuni, defendiendo exitosamente la mina del asalto de las cooperativas aliadas al MAS. Analizamos esta importante acción obrera en una separata especial (págs. 5 a 8). Aquí subrayamos que quebró el intento privatizador y marcó la irrupción de un sector avanzado del movimiento obrero en oposición al gobierno, conquistando amplia simpatía. El estallido de Huanuni en plena crisis política, vino a demostrar dramáticamente que las enormes contradicciones que dieron a luz hace tres años, con el levantamiento insurreccional de octubre, al proceso revolucionario, siguen abiertas y que pueden volver a emerger las tendencias a enfrentamientos abiertos en la lucha de clases, ante lo cual la política de contención reformista del MAS puede ser insuficiente.

Además, Huanuni indica que la clase trabajadora comienza a volver a escena y puede estarse gestando una nueva ola de luchas obreras, campesinas e indígenas sobre la base de una mayor experiencia política entre sectores de vanguardia frente al gobierno.

7. Entre la “distensión” coyuntural y la polarización

Es posible que en las próximas semanas la coyuntura política se distienda, con la derecha aprovechando el terreno cedido por el MAS. Sin embargo, queda planteado un escenario de profunda polarización social y política y no hay un pacto o acuerdo social y político de fondo con el conjunto de la clase dominante. Ya en las semanas pasadas la prensa se quejaba de que “Bolivia volvía a ser el país de siempre, de los paros y bloqueos”, que retornaba la “inestabilidad política” y el peligro de “ingobernabilidad” con un gobierno que pese al gran apoyo popular, algunos ven predispuesto a sufrir el “síndrome de la UDP” (es decir, tender al empantanamiento y descrédito, jaqueado por la derecha y desbordado por la izquierda). Las reformas superficiales y cada vez más lavadas que el MAS propone no terminan de ser aceptables para la burguesía ni calman las expectativas populares. Los ritmos del proceso político boliviano parecen acelerarse.

8. Los “masistas críticos”, los “radicales” y la COB

El desgaste del MAS ha llevado a varios sectores ha elevar el tono de sus críticas y reacomodarse ante la impaciencia y descontento en la base pero sin romper su apoyo político (como las juntas vecinales alteñas) ni plantear ninguna alternativa a los trabajadores (como la COB). Como reflejo de estos reacomodos, Solís Rada, el PCB, maoístas, etc. impulsan un bloque (“Pueblo Unido”) con un discurso más nacionalista-reformista pero sin romper con el gobierno.

En realidad, despliegan distintas variantes de una política de presión que termina siendo impotente para avanzar en la lucha por las demandas de los trabajadores, los campesinos y el pueblo pobre y frenar el avance de la reacción. Pues esto exigiría romper políticamente con el gobierno del MAS e impulsar consecuentemente la movilización. De hecho, la política de contención del MAS y sus aliados ha impedido que las masas intervinieran de manera decisiva en la crisis de septiembre-octubre, permitiendo así que fuera la derecha la que se fortaleciera, aunque Huanuni muestra también que esa capacidad de contención comienza a debilitarse ante los sectores de vanguardia decididos a luchar.

9. Unidad y movilización obrera, campesina y popular

Esta planteado abrir un camino distinto, de unidad y movilización consecuente por la nacionalización del gas, la minería y los recursos naturales, por la tierra y el territorio, por el salario, el empleo, la salud y la educación, y la expulsión de las transnacionales y el imperialismo. Esto significa impulsar coordinadoras, comités y otras formas de frente único para la lucha, preparando la autodefensa de masas ante la represión estatal o de los grupos de choque de las oligarquías regionales.

Un primer paso debe ser comenzar a coordinar y centralizar la preparación de la lucha con un Encuentro Obrero y Popular ¡Un Encuentro así podría abrir el camino para poner en pie una genuina Asamblea Popular! Pero esto requiere completa independencia política de los sindicatos y organizaciones populares frente al gobierno del MAS, para levantar una salida de los trabajadores ante la situación nacional. La clase obrera debe levantar su propio programa para unir en torno suyo a las capas pobres de la población y disputar así la base social donde pretenden hacer pie las fuerzas reaccionarias.Solo así se podrá enfrentar el avance de la derecha y evitar que ésta capitalice, a la larga o la corta, el descrédito del MAS para volver al poder político por las elecciones o la fuerza. Se trata, en suma, de retomar el camino de Octubre.

10. Hay que construir un partido revolucionario

En esta perspectiva, la tarea más urgente es impulsar el reagrupamiento revolucionario de la vanguardia para sentar las bases de un genuino partido revolucionario, obrero, socialista e internacionalista. El aceleramiento de la experiencia política con el reformismo del MAS entre sectores avanzados comienza a facilitar el diálogo y la discusión de esta necesidad.