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HUANUNI

Gran acción obrera derrota la ofensiva cooperativista-masista

 

Los hechos de Huanuni el 6 y 7 de octubre tienen una enorme importancia social y política y sus efectos continúan conmoviendo al país. La heroica resistencia obrera, tras 48 horas de cruento combate, derrotó el asalto de las cooperativas que querían apoderarse del cerro Posokoni, el mayor yacimiento de estaño en Sudamérica, valuado en más de 500 millones de dólares y recuperado para el Estado tras largos años de lucha de los trabajadores mineros.

La cúpula de las cooperativas zonales, socia del hoy ex ministro de minería del MAS, Walter Villarroel, venía intentando desde hace mucho apoderarse de Posokoni. Había viajado a Inglaterra y adquirido por 1,5 millones de dólares acciones de RGB -concesionaria inglesa de la Empresa Minera Huanuni (EMH) hasta su quiebra fraudulenta en 1999- a través de su liquidadora Grant Thornton y pretendía hacer valer estos “derechos” contra los obreros y la propiedad nacionalizada. Al mismo tiempo el gobierno de Evo Morales mantenía contactos con empresas chinas y norteamericanas interesadas en asociarse a la reprivatización de Huanuni.

En septiembre los obreros sellaron una alianza con los desocupados y campesinos de Huanuni y tras varios días de firme bloqueo le arrancaron la gobierno un convenio para la creación de 1.500 puestos de trabajo e inversión de fondos estatales que de hecho liquidaba ese plan privatista. La desesperación por el botín llevó a las camarillas cooperativistas-masistas a organizar el asalto por sorpresa del 6 de Octubre, utilizando como carne de cañón a la base de cooperativistas pobres y contando con la complicidad del gobierno que dejó hacer a sus aliados hasta que ante su evidente derrota, intervino mediando y desplazando fuerzas policiales.

El doloroso saldo de este conato de guerra civil local fue de 16 muertos, decenas de heridos y cientos de familias damnificadas (la mayoría cooperativistas pobres, obreros y desocupados) así como graves daños a las instalaciones y equipos de la EMH. El gobierno tiene una grave responsabilidad, pues dejó correr el ataque de sus aliados cooperativistas que arrojó este costo humano y material.

Importante triunfo de los mineros

El hecho fundamental es que la gran acción obrera derrotó el intento privatizador cooperativista-masista y desencadenó importantes consecuencias económicas, sociales y políticas.

Bajo ese impacto, el MAS no sólo debió pagar un fuerte costo político, dejando caer a Villarroel y sufriendo la ruptura de su alianza con las cúpulas cooperativistas, sino que debió hacer importantes concesiones a los trabajadores en pie de guerra. A través del nuevo ministro de minería -Guillermo Dalence, empleado de COMIBOL y dirigente sindical hasta 1987, luego abogado y director de ONGs-. Éste presentó una propuesta para asimilar como asalariados a los cooperativistas e inyectar una fuerte inversión en el desarrollo de la EMH.

Así, el gobierno comprobó la imposibilidad de derrotar la resistencia de los trabajadores y de introducir ninguna forma de reprivatización en las actuales relaciones de fuerza. Esto no significa que el MAS cambie su programa minero de colaboración con las transnacionales, pues aunque hable ahora de que comienza la “nacionalización minera” lo cierto es que mantiene su estrategia de alianza con las transnacionales -como demuestra la entrega de El Mutún y los acuerdos y garantías a otras inversiones extranjeras en el sector como Inti Raymi, San Cristóbal, etc.-.

Desde el punto de vista económico, la lucha de los mineros impuso la consolidación de la nacionalización de Huanuni y abre las puertas a la refundación de COMIBOL, apoyada la superioridad de la gran producción minera -y esto sería así aún en términos de “capitalismo de Estado”- frente a la alianza transnacionales-pequeños capitales cooperativistas-, que combina la depredación de los recursos minerales con el saqueo imperialista.

Socialmente, puede llevar a un fortalecimiento objetivo del proletariado minero -Huanuni ampliaría en gran escala sus operaciones y podría llegar a agrupar a varios miles de trabajadores-, así como un salto en la diferenciación interna de las cooperativas, entre los pequeños y medianos capitalistas “incubados” en las mismas, la masa de socios pobres y los más de 10.000 asalariados “peones de las cooperativas”. La oferta fue bien recibida por la base humilde de las cooperativas, pese al rechazo y maniobras de FENCOMIN y de las camarillas dirigentes, y aunque aún no se han cerrado las negociaciones, es evidente que ha quebrado el frente interno de las cooperativas, socavando la base social de la cúpula de empresarios-cooperativistas.

Un paso adelante en la recomposición del movimiento obrero

“Los mineros volveremos”, se dijo en las Jornadas de Marzo de 1985 y se insistió pese a las amargas derrotas de la “relocalización” en los 80. Huanuni demuestra que los mineros vuelven, impactando poderosamente en el imaginario colectivo, despertando una amplia corriente de simpatía obrera y popular al encarnar la causa nacional de la defensa de los recursos mineros, apuntando el camino para la alianza obrera, campesina y popular.

Esto se vio en las movilizaciones de solidaridad con Huanuni en Oruro y de la COB, en la disposición a acudir en su ayuda de otros destacamentos obreros mineros, como Porco, Bolívar, etc. y las fuertes críticas hacia el MAS (reflejadas también en los actos de recordación del levantamiento de Octubre del 2003 en El Alto), con sectores avanzados comenzando a diferenciarse políticamente por izquierda frente al gobierno de Evo. Y esto, a pesar de que la dirección de la COB y la FSTMB mantiene críticas hacia el gobierno, pero considera al nuevo ministro como un “hombre propio” y trata de evitar que el proceso se desarrolle en una dinámica independiente de acción obrera y ruptura política con el MAS.

Todo esto puede estar señalando una nueva fase en el proceso de recuperación de la clase trabajadora, donde estará planteada la unidad entre la gran tradición de combate minera que representa hoy Huanuni y las fuerzas de la nueva clase obrera precarizada y explotada de las ciudades.

Por la nacionalización de la minería bajo administración obrera

La nueva propuesta del MAS para Huanuni se limita a reconocer lo que los obreros han impuesto con su heroica defensa, pero hay que observar “con lupa” la letra chica del acuerdo, ninguna confianza puede depositarse en el gobierno que hasta ayer mismo, dejó correr la intentona cooperativista.

Lejos de confiar en las promesas del nuevo ministro y sus negociaciones con las cúpulas cooperativistas, los trabajadores mineros tienen que imponer sus propios términos, manteniéndose en alerta y levantando su propio programa, sin olvidar el reclamo de puestos para los desocupados y comunidades que fueron aliados de los trabajadores en esta difícil lucha. Huanuni no puede quedar en manos de algunos gerentes y tecnócratas nombrados por el gobierno, hay que desarrollar el “control social” imponiendo la administración obrera directa y colectiva, responsable ante la asamblea de los trabajadores.

El triunfo de Huanuni debe ser el punto de partida para impulsar un plan obrero para toda la minería: la refundación de COMIBOL con administración obrera directa, en base a la renacionalización de COMSUR y las transnacionales, plan que permitiría generar trabajo para los desocupados de los centros mineros así como incorporar a planta a los cooperativistas pobres. En cuanto a los que prefirieran seguir trabajando bajo la modalidad cooperativa, sus necesidades podrían ser perfectamente contempladas en un plan así.

Por un gran Encuentro Obrero y Popular en Huanuni

Sería un gran paso que los trabajadores de Huanuni, con la enorme autoridad que se han ganado, junto a la FSTMB y COB, convoquen urgentemente a un Encuentro Obrero y Popular, con delegados de base de minas, fábricas, barrios populares y comunidades de todo el país, para rodear de solidaridad a Huanuni, discutir un plan de acción y una posición de clase, independiente del gobierno así como de los partidos empresariales ante a la situación política, cómo impulsar la unidad de las filas obreras y ponerse a la cabeza de la alianza con los campesinos, los pueblos originarios y las capas medias empobrecidas, única forma de llevar hasta el final la lucha por la nacionalización de los recursos naturales, la recuperación de las “capitalizadas” y las demandas del pueblo trabajador en una perspectiva revolucionaria.

Por Javo Ferreira y Eduardo Molina