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Entre la presión de la derecha y la impaciencia de sectores de masas

El gobierno se juega a la “concertación”

 

El MAS trata de destrabar la situación de crisis política e incertidumbre extremando las concesiones a la reacción burguesa, ofreciéndole mayores concesiones al mismo tiempo que reordenando sus filas y tratando de consolidar el manejo del aparato estatal. Pero profundizando este curso, no puede evitar que se abra un ángulo creciente con el rumbo de sectores de trabajadores, campesinos e indígenas que quieren realmente derrotar a la derecha, hacer atender sus demandas y buscar soluciones de fondo a los problemas nacionales.

Esta política de Evo Morales y García Linera no hace sino alimentar a las fuerzas de la derecha, que envalentonada y logrando nuevos puntos de apoyo social y político para rearticular sus fuerzas, no cesa de ejercer presión. El gobierno mantiene una permanente pulseada y duros choques con la oposición (“una guerra de posiciones”, describe Econoticias), pero busca afanosamente crear mejores condiciones para pactar con ella.

Los cambios en el gabinete después del 22 de enero confirmaron el curso conciliador: Ministros irritantes para la derecha, como Alicia Muñoz (gobierno) o el intelectual indigenista Félix Patzi (educación) fueron reemplazados. Pese a la renuncia del empresario cruceño Salvador Ric (Obras Públicas) se buscaron figuras que “puedan tender puentes con el Oriente” (es decir, con las élites burguesas regionales) en varios puestos de primera y segunda línea. Así, el nuevo gabinete aparece menos indigenista y más reformista tradicional y oenegeizado.

Como precio a pagar, el MAS parece dispuesto a cerrar un pacto que significa “remachar el candado” que se puso a sí mismo con la Ley de Convocatoria. En Sucre ya habría acuerdo con Unidad Nacional y se negocia trabajosamente la reforma del Art.70 del reglamento de, extendiendo la vigencia de los 2/3 exigida por la oposición, a todos los pasos de la futura Constitución (aunque poniendo como límite el 2 de julio) y garantizando de antemano el reconocimiento a las exigencias autonomistas de estas élites. Con ello la Asamblea Constituyente, pieza fundamental de la propuesta política del MAS, queda aún más devaluada y condicionada y no podrá ofrecer más que parches al actual andamiaje estatal, para no hablar de soluciones a los males estructurales del país, a la subordinación semicolonial o las aspiraciones del pueblo trabajador.

Entre tanto, y a pesar de los gestos y discursos -por otra parte cada vez más lavados- en más de un año de gestión al frente del Estado burgués el gobierno del MAS no ha dado mayor respuesta a las demandas y expectativas del pueblo trabajador y deja intactos los males estructurales del país: la proclamada nacionalización del gas terminó en un pacto con las transnacionales a través de contratos petroleros que les garantizan “seguridad jurídica” y gruesas ganancias a cambio de mayores impuestos. Las promesas de reforma agraria se reducen a un simple cambio en la Ley INRA que preserva la gran propiedad privada “productiva”, sin que se haya expropiado una sola hectárea de tierra en todo el país. Se habló de “nacionalización minera” mientras se privatiza El Mutún y apenas se suben los impuestos a la gran minería de capitales extranjeros, y así sucesivamente. Los planes sociales en marcha, como los de salud y alfabetización (con ayuda cubana), o el bono escolar Juancito Pinto apenas son paliativos para la dramática situación en el campo y en los barrios populares que no afectan el orden establecido.

Sin embargo, sigue abierta una extrema polarización social y política. Esta halla una expresión distorsionada a nivel regional, sin que Santa Cruz deje de ser un polvorín de contradicciones económicas, sociales y políticas bajo el planteo autonomista. Pero ya no se expresa sólo a nivel superestructural (en las disputas en el parlamento, la Constituyente o la presión de los Comités Cívicos y Prefecturas), sino que comienza a descender a las calles y caminos. En Cochabamba llevó a la mayor crisis política, a raíz del primer levantamiento de masas desde que Evo asumiera la presidencia. Pero aplacada Cochabamba y “desactivada” la lucha de El Alto contra Paredes, estalló Camiri.

Así, el nuevo problema que debe encarar el MAS es que todo esto está provocando insatisfacción e impaciencia en su flanco izquierdo, permitiendo que sectores de masas, aunque todavía priman las ilusiones y expectativas y el MAS hace pesar su influencia, comiencen a salir a las calles y caminos para enfrentar con sus propios métodos a la derecha (como en Cochabamba, contra Reyes Villa) o para hacer escuchar legítimas demandas (como en Camiri), ensanchando el camino que a fines del año pasado había comenzado a abrir Huanuni (derrotando el ataque de los cooperativistas aliados al MAS).

En el otro lado de la trinchera social, el giro a la derecha de sectores de la pequeña burguesía urbana es la base de las provocaciones y ataques de grupos de choque fascistoides como en Cochabamba y Santa Cruz, pero plantea un endurecimiento en la determinación y acciones de sectores de vanguardia.

En este panorama plagado de contradicciones y tensiones, tratan de encontrar un difícil compromiso -lo que la prensa burguesa saluda como la “búsqueda de un equilibrio”- entre las pretensiones tibiamente nacional-reformistas del gobierno, que necesita responder de alguna manera a las expectativas de su base social popular, y las exigencias de la clase dominante y el imperialismo en su conjunto; un “equilibrio” que pueda frenar la inestabilidad política y contener las tendencias a una mayor movilización de masas que amenazaría desbordar al MAS. Sin embargo, y pese los avances en esa dirección (como posiblemente se de en la Constituyente), sigue siendo muy difícil el lograr un “gran acuerdo nacional” ante la magnitud de las diferencias políticas y en el marco de un proceso revolucionario que está lejos de haber sido abortado. El año 2007 comenzó bajo el signo de la crisis política, las dificultades para tejer un acuerdo estable, la incertidumbre y la tendencia de sectores de masas de volver a la escena política.

Esto último abre la posibilidad de avanzar en la experiencia de sectores de masas del campo y la ciudad con los límites del proyecto reformista del MAS. Al calor de este proceso y de sus acciones, una franja de vanguardia tiende a desbordar por izquierda al MAS, distanciarse del mismo y avanzar en acumular experiencia política. La continuidad en el proceso de recomposición de la clase trabajadora, a través de la reorganización sindical de base, luchas salariales y contra el despotismo empresarial, pero también con acciones como la de Huanuni, es un importante componente de este proceso.

Son estas fuerzas las que podrán derrotar a la reacción y superar los frenos del reformismo masista y de la burocracia sindical para reabrir el camino señalado por Octubre, el camino de la movilización revolucionaria para imponer una salida obrera y campesina a la crisis nacional.

Construir una nueva dirección para el movimiento de masas, es decir un partido revolucionario, es la tarea fundamental que se plantea ante los trabajadores avanzados.