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Polémica:

Debate sobre el “gobierno prefectural revolucionario”

 

Los acontecimientos de las primeras semanas de enero en Cochabamba, tienen particular importancia para los marxistas revolucionarios no solo por que los mismos se constituyeron en la crisis política más aguda del primer año de gobierno de Evo Morales, obligando al MAS a maniobrar y traicionar la movilización contra el prefecto Reyes Villa, sino porque pusieron blanco sobre negro las diversas estrategias políticas en la extrema izquierda. Ha sucedido que interminables discusiones sobre estrategia, táctica, programa y métodos de acción, le pueden parecer a un lector recién iniciado de carácter metafísico, pero sucesos como los de Cochabamba, permiten “bajar a tierra” esas discusiones y poner a prueba la validez de las distintas políticas de la izquierda. Por ello, se convierten en una fuente inapreciable de lecciones estratégicas que es necesario rescatar para los futuros combates que indudablemente sacudirán al país.

La política del MAS en Cochabamba

En el marco de la crisis política y la confrontación con los “cívicos” y los prefectos de la derecha, el MAS dejó correr la movilización del pueblo cochabambino contra la provocación de Reyes Villa de convocar a un nuevo referéndum autonómico. Pero una vez empezada ésta, se le hizo cada vez más difícil controlarla y contener a los trabajadores y el pueblo que querían derrotar a la derecha.

Organizaciones de masas que desde hace un año expresan cada vez menos lo que ocurre en sus propias bases y se han limitado a convertirse en “correa de transmisión” de las políticas del Poder Ejecutivo, iniciaron la movilización, pero ésta comenzó a radicalizarse aceleradamente: se inicia un contundente bloqueo de caminos en todo el departamento, las vigilias en la plaza empiezan a ser masificadas, se corta el suministro de agua desde las comunidades regantes. La pugna entre el gobierno y el prefecto, con la destitución del jefe de policía, aumenta la crisis del aparato estatal, marco en el que se toma la prefectura. Un multitudinario cabildo desconoce a Reyes Villa y al MAS se le hace difícil maniobrar y “descomprimir”. Reyes Villa debe desaparecer de escena, huyendo de su propio departamento y se abre un “vacío de poder” local.

Mientras, los hijos de la burguesía y la reacción autonomista deciden enfrentar la movilización organizando grupos de choque bajo la tolerancia y complicidad policial.

La movilización y la vanguardia de masas que encabezaba la lucha se vieron enfrentadas, por un lado, a la violencia de esos grupos fascistoides, y por otro, a la política de desmovilización que puso en marcha el MAS ante lo explosivo de la situación.

Pese al reclamo popular, el gobierno sostuvo a Reyes Villa con el argumento de que había sido elegido en elecciones y por tanto, era “legítimo”, planteando un proyecto de ley de “referéndum revocatorio”, para desviar la lucha de las calles y llevarla al terreno del régimen. Sus dirigentes se dedicaron a dividir y desmovilizar.

Cuando más necesario se hacía generalizar la movilización y romper la institucionalidad de la cual emanaba el poder de Reyes Villa, menos hacían los dirigentes y más paños fríos ponían a la lucha.

Cuando más urgente se hacía responder con la autodefensa de masas a las agresiones fascistoides, más llamaban a la calma y a desmovilizar los dirigentes y parlamentarios masistas.

Sin embargo, el último cabildo mostró la “temperatura” del levantamiento en marcha, cuando se desconoce al prefecto pese a los enormes esfuerzos del MAS (que desconoce finalmente esta voluntad popular).

¿”Gobierno popular revolucionario”?

Ante esta situación, sectores de vanguardia intentaron forzar el desplazamiento de Reyes Villa sitiando la COD e imponiendo al Consejo Departamental la conformación del “gobierno prefectural revolucionario” . Esto mostraba la determinación de luchar de los sectores más avanzados, la pérdida de hegemonía del MAS en los mismos, y la búsqueda de una alternativa de gobierno que oponer al odiado Reyes Villa.

Sin embargo, merece una seria discusión la política impulsada de formar un gobierno sobre la base del Consejo Departamental, que es una institución del régimen estatal a nivel de la prefectura que asesora y legitima al prefecto, quien “gobierna” al departamento en forma personal (bonapartista). Una parte de sus miembros aceptó formar ese gobierno bajo presión de la vanguardia, pero apenas se liberaron de la misma, se apuraron a desaparecer de escena. Conciliadores y obedientes al MAS, no quisieron “romper la legalidad” y el fugaz intento se desvaneció.

Pero de tomar cuerpo, no hubiera constituido un gobierno de los trabajadores y campesinos de Cochabamba en ruptura con la burguesía, sino un fenómeno de conciliación de clases. No pasaba de ser un embrión de frente popular de extrema izquierda en el marco de las instituciones estatales locales en crisis, ya que no basaba su existencia en las organizaciones obreras y populares centralizadas democráticamente sobre la base de delegados revocables y con mandato de fábricas, comunidades, talleres, universidades y mercados.

Lamentablemente el POR-Masas en Cochabamba, que desde la FUL planteaba “organizar un gobierno departamental revolucionario” y “poner en pie las brigadas armadas antifascistas” no tuvo ninguna política para impulsar una Coordinadora de masas (que recuperara la experiencia de la “guerra del agua” en el 2000) o una Asamblea popular departamental. Por el contrario, se conforma con los Cabildos abiertos, que son una gran expresión de la fuerza de masas, pero no resuelven la necesidad de verdaderos órganos de poder democráticamente organizados desde abajo, pues una vez desconcentrados, todas las decisiones siguen en manos de la burocracia reformista pro-MAS, que queda con las manos libres para maniobrar y desmovilizar. En el plano nacional, uno de los principales voceros del POR en el magisterio paceño, José Luis Álvarez, mientras se producía el levantamiento en Cochabamba, hablaba ante los medios de comunicación denunciando la compra de computadoras por el ahora ex ministro de educación Patzi, sin dar señales de cómo nacionalizar la lucha de Cochabamba, mostrando una vez más los límites de su decadente estrategia sindicalista “roja”. La excusa de que “el proletariado estuvo físicamente ausente” en el levantamiento de Cochabamba y de que “el partido revolucionario -es decir el propio POR- era muy débil” no disculpa la impotencia de su política.

Otros núcleos de izquierda levantaron la consigna de Gobierno Popular Revolucionario, sin decir sobre la base de qué tipo de organizaciones debería erigirse ¿Sobre la base de la “arrolladora” personalidad del “comandante Loro”? ¿Sobre la base de los restos del Consejo Departamental? Estas variantes expresan una lamentable estrategia frente populista, aunque de “extrema izquierda”, que preservaba los restos de la institución burguesa llamada Prefectura, con sus consejos y oficinas, y diluía el papel de los trabajadores y campesinos verdaderos, negando la necesidad de que tomen el poder a través de sus propias organizaciones.

Por otra parte las organizaciones sindicales que encabezaban la movilización se subordinaron a los pedidos de Evo Morales de terminar con la movilización y reestablecer la calma en el valle. Exigirles que tomaran el poder sin combatir a las cúpulas dirigentes desde una política de autoorganización de masas, aunque tendría un contenido abstracto de ruptura con la institucionalidad, se transformaba también en una política de presión sobre éstos.

La lucha por una Asamblea Popular

Lo que ninguno de estos grupos de izquierda planteó fue precisamente una política de organización independiente de masas dirigida a construir una genuina Asamblea Popular, sobre la base de asambleas y delegados por sectores, llamando a integrarse a la misma a todas las organizaciones de masas (como las federaciones del Trópico y otras dirigidas por el MAS) para llevar hasta el final la lucha contra Reyes Villa. Esto habría fortalecido las tendencias de las masas al frente único en la lucha, y obligado a los dirigentes a actuar frente a la fiscalización de las masas organizadas, haciéndoles mucho más difícil desmovilizar y traicionar, al mismo tiempo que hubiera acelerado el reagrupamiento de la vanguardia en torno a una política independiente para pelear la dirección de las masas al calor del levantamiento.

De no haber prosperado la tentativa de imponer un gobierno obrero y campesino departamental basado en esta Asamblea Popular, debido al peso y autoridad que aun tiene el MAS en el movimiento de masas, por lo menos habría quedado un germen de organización independiente y democrático que facilitaría el desarrollo de la experiencia de los trabajadores y el pueblo con el gobierno. Hoy las masas estarían en condiciones de volver a la lucha desde un nivel superior de organización y conciencia.

Las lecciones de Cochabamba son de vital importancia. La primera de ellas es que derrotar a la reacción proimperialista exige unificar y liberar toda la fuerza de las masas, rompiendo las trabas de la burocracia y el MAS, y que para esto es imprescindible una estrategia de autoorganización de masas dirigida a lograr la más amplia y efectiva independencia de clase. Sólo desde ésta es posible responder revolucionariamente al problema del poder cuando este se plantea, como ocurrió en esos días en Cochabamba.

Y para combatir por esta estrategia, es necesario avanzar en la construcción de un genuino partido de los trabajadores revolucionarios. Conformarse con ser buenos activistas y no sacar todas las lecciones de experiencias como ésta, sólo ayuda a dejar el campo libre a los reformistas y centristas.

Por Javo Ferreira