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La inflación golpea la economía popular

 

EN MEDIO AÑO el costo de vida aumentó más del 6,4 %, según datos del INE, pero el alza de precios en los alimentos de consumo popular fue muy superior. Esto quiere decir que el salario promedio perdió posiblemente un 10% o más de su capacidad de compra. Otra vez les toca a las familias humildes de la ciudad y del campo “apretarse el cinturón” para llegar a fin de mes.

¿Y qué dice el gobierno? Critica a especuladores, contrabandistas y sectores de derecha por la subida de precios y la escasez de algunos productos. Indudablemente los hay, interesados en ocultar productos, llevárselos a las fronteras (como el gas o la harina) o causar malestar por razones políticas. Ahora ha tomado algunas determinaciones como importar harina y ganado en pie para faenar. Sin embargo, y aunque el pan vuelva a costar 40 Centavos por un tiempo, estas medidas son parciales, un alivio de momento que no ataca el resto de los aumentos de precios y tampoco evita la especulación y la corrupción.
Esto no ataca las razones de fondo, como el desinterés de los capitalistas por producir para el mercado interno y desarrollar la producción local de bienes de primera necesidad (sacan más ganancias exportando, por ejemplo).
Además, “olvida” que los actores principales del alza de precio son las grandes empresas que ocupan posiciones decisivas en la producción, comercialización y comercio exterior de productos agropecuarios e industriales.
Este punto lo marcaron claramente los carniceros de Santa Cruz, que pararon contra el alza del precio mayorista de la carne por los ganaderos, y los panaderos artesanales de La Paz y El Alto que se han pronunciado contra la suba del pan, apuntando correctamente a los principales responsables: los empresarios que especulan con el hambre del pueblo, y demandaron acciones del gobierno.

Para muestra basta un botón: el caso PIL

Es que con la inflación, pierden los trabajadores y el pueblo pobre y otros ganan (los empresarios y grandes comerciantes). A veces los represententes de bancos e industrias y los "cívicos" se quejan de la inflación y hacen demagogia por intereses particulares, pero no dejan de aprovechar la oportunidad de engrosar sus ganancias.
Veamos el caso de los lácteos: una movilización de los pequeños productores de leche de Cochabamba, que abastecen de materia prima a la PIL a bajísimo precio, logró apenas 20 centavos de aumento por litro entregado.

La empresa, que opera en gran escala y con altos márgenes de rentabilidad, aprovechó esto como pretexto para aumentar 50 centavos el litro al público y también los precios de otros lácteos, es decir, para aumentar todavía más sus ganancias.

La PIL remarca sus precios por encima de la inflación, protegiendo de antemano sus dividendos a costas del bolsillo popular. Así operan las grandes empresas.

Control obrero y popular

El gobierno a veces habla demagógicamente de “control social”. Pero ante la carestía de la vida dice que el pueblo se quede tranquilo en su casa y deje todo en manos de las instituciones: ministros, gobiernos municipales, Policía nacional. Como en los tiempos del neoliberalismo o de la UDP, se limitan a hacer poner los precios a la vista a los minoristas -como si el principal culpable de la inflación fueran la verdulera o el carnicero del mercado- y le dice al ama de casa que “sepa comprar”, es decir, que confíe en el “libre mercado” y renuncie a ponerle hueso con carne a la sopa hasta que el precio baje.
Ahora es cuando hace falta un verdadero “control social” de los trabajadores y el pueblo pobre.

Este puede ser ejercido a través de sus organizaciones como los sindicatos y las Juntas vecinales, las organizaciones de base de los gremiales, etc. conformando Comités de Abastecimiento Popular y Control de Precios que fiscalicen no sólo el precio en los puntos de venta, sino toda la cadena de intermediación y las empresas industriales y comerciales, que son las que manejan el negocio.

Este control, junto a un aumento salarial de emergencia y la escala móvil de salarios, son parte de las tareas necesarias para proteger la economía familiar de los trabajadores y el pueblo, en el camino de imponer un plan económico obrero y popular.

Por Vicente Marcos