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Internacional: ¿Hacia una nueva recesión?

Tiemblan las finanzas mundiales

 

EN LAS ÚLTIMAS SEMANAS una serie de temblores ha sacudido las bolsas y los circuitos de crédito a nivel mundial. Las cotizaciones de acciones en Nueva York, las plazas europeas y muchas otras han caído fuertemente. Bancos y grandes fondos financieros han sufrido enormes pérdidas.
Estos acontecimientos han desnudado la fragilidad del sistema financiero y de créditos internacional, que en los últimos años creció en enormes proporciones pero sobre bases cada vez más estrechas, inestables y especulativas, desmontando los mecanismos de control bancario y financiero para llevar al máximo posible las ganancias. Por eso la crisis actual, no es una crisis más, si no que afecta al corazón mismo de las finanzas de Wall Street y de los principales centros financieros del mundo.
La Reserva Federal norteamericana (FED) y el Banco Central europeo (BCE) volcaron inmensos recursos -más de 300 mil millones de dólares en sólo tres días- para evitar que la corrida se convirtiera en estampida y que las corporaciones financieras más amenazadas entraran en quiebra. Actuaron de manera similar al 11 de septiembre de 2001, cuando los atentados contra las Torres Gemelas en Nueva York estuvieron a punto de provocar una fuerte caída y debieron inyectar al mercado financiero miles de millones para contener el pánico.

Sin embargo, la situación actual es mucho más grave. La crisis no es sólo de liquidez (falta de fondos frescos en el mercado financiero) sino de insolvencia (pequeños y grandes inversores que no pueden pagar sus deudas). Los complejos sistemas de operación financiera desarrollados en estos años parecían efectivos para aumentar las ganancias espculativas, al mismo tiempo que prevenir los efectos de una caída suave en los precios de bonos y acciones, compensando las caídas en algunos papeles con alzas en otros para mantener un cierto equilibrio. Pero cuando todo baja rápidamente como ahora, el mecanismo entero entra en crisis y amenaza derrumbarse “creando un “efecto dominó” que incrementa el riesgo de un fracaso del conjunto del sistema”, como reconoce Tim Geithner, presidente de la Reserva Federal de Nueva York.
Por otra parte el “terremoto” en las bolsas no es consecuencia de que una “burbuja” financiera haya estallado en algún lejano lugar del mundo, como anteriores crisis (Sudeste asiático en 1997, Rusia en 1999, etc.), sino que su epicentro está nada menos que en Estados Unidos, la principal economía mundial.

Perspectiva de recesión en Estados Unidos

Durante los últimos años la economía norteamericana mantuvo su crecimiento gracias al crédito abundante y barato, alimentándose de un mar de deudas internas y externas y con componentes fuertemente especulativos, como el alza de los precios de la propiedad inmobiliaria y las operaciones en la bolsa.

La situación actual muestra que las posibilidades de mantener estos mecanismos se están agotando. Ahora, cientos de miles de propiedades en todo Estados Unidos se tornan virtualmente invendibles mientras que sus dueños no podrían pagar las hipotecas, comprometiendo a bancos y fondos crediticios. “Hoy se calcula que en EE UU hay dos millones de propietarios a punto de perder sus hogares porque no son capaces de soportar las nuevas condiciones que imponen los bancos.” Grandes empresas industriales empiezan a quejarse de menores ventas y caída en las ganancias y muchas grandes corporaciones están sobreendeudadas y la crisis en los mercados de crédito podría empujarlas a reestructuraciones y quiebras.
Por estas vías, podrían diluirse los efectos de las intervenciones “de contención” la Reserva Federal, el BCE y otros bancos centrales, y la crisis, tarde o temprano, podría trasladarse del mundo de las finanzas a la “economía real”.

Por lo pronto, ya se están sintiendo efectos recesivos en la economía norteamericana, cuyo crecimiento se redujo a menos del 2% anual mientras que el desempleo empieza a crecer -un 4,6%- y caen las ventas de viviendas y otros bienes..

Extensión mundial

Pero las dificultades de estados Unidos se transmiten rápidamente a escala internacional. Por un lado, "Se teme que a largo plazo estas cuestiones de liquidez se extiendan a la economía global", como declaró Ciaran O’Hagan, de Societé Generale (gran grupo financiero francés) y como pronostican muchos otros. Algunas de las acciones que más perdieron son las de grandes compañías industriales, de energía y de “commodities” (productos básicos para la industria), mostrando que muchos temen una reducción de la producción y el comercio internacionales.
Por otro lado, la debilidad del dólar y una posible baja en las tasas de interés pueden hacer que muchos Estados e inversores particulares comiencen a desprenderse de sus dólares y bonos yanquis, y también pueden crecer las “guerras comerciales” como entre Estados Unidos y China (que es también el mayor poseedor de bonos norteamericanos), todo lo cual podría agravar las tensiones financieras y comerciales y afectar a grandes bancos y transnacionales.

Así, estamos sólo a los comienzos de la que puede ser una crisis financiera de importancia y el comienzo de una recesión mundial. Por lo pronto, el ciclo de crecimiento generalizado de estos años, con índices de 4 y 5% de aumento del PBI y picos superiores en varios países, parece haber llegado a su fin.

Tratando de calmar los nervios de los capitalistas, Ben Bernanke el jefe de la Reserva federal, dice que utilizará “todos los medios a su alcance” para contener la crisis, mientras que el gobierno norteamericano ya puso más de 101 mil millones de dólares en dos semanas para paliar la situación.

Es posible que en el corto plazo este enorme esfuerzo suavice la crisis de los mercados o amortigüe el descenso de la economía hacia una recesión, pero de todas formas el “cuadro de situación” muestra la debilitada “salud” del capitalismo mundial y sombrías perspectivas para el próximo período.

Empieza a estar planteada incluso la posibilidad de una “espiral de deflación” (caída de los precios, lo opuesto a la inflación), que al combinarse la perspectiva de una fuerte caída en la actividad económica en medio de un gran endeudamiento, dibuja en el horizonte los riesgos de una crisis de dimensiones no vistas desde la Gran Depresión de los años 30.

Impacto en América Latina

Todas las bolsas latinoamericanas bajaron abruptamente ante el impacto de las caídas en Wall Street. Según la prensa, en pocos días "el valor de mercado de 775 empresas con acciones negocidas en las bolsas de siete países latinoamericanos se ha reducido en 322.200 millones de dóalres en menos de un mes debido a las turbulencias internacionales" (EFE, La Razón, 17/08). Esto significa una retirada en masa de capitales de la región.

Muchos analistas opinaban que América Latina está menos expuesta al impacto de una crisis, pues su deuda es menos gravosa que en anteriores épocas y el estado de sus economías es relativamente estable (superávits comerciales y fiscales, altas reservas, recomposición de los mercados internos). Sin embargo, esta visión tranquilizadora tiene pocas bases. Días pasados, el precio del petróleo cayó de 74 a menos de 69 dólares por barril y nada garantiza que las grandes compras de productos de la región por China, Estados Unidos y otros, continúen al mismo nivel. Si esto se convierte en un indicador del curso que seguirán los precios de las materias primas y productos que exporta América Latina (hidrocarburos, minerales, acero, alimentos) y cuyos buenos precios fueron el motor del crecimiento regional en los últimos 4 años, las perspectivas podrían ser de una recesión severa.

Bolivia: “de eso no se habla”

Si se profundiza una recesión mundial, se desorganiza el crédito y los mercados y caen los precios de las materias primas, los países semicoloniales más débiles y que como Bolivia, dependen del precio internacional de una pocas materias primas, pueden verse gravemente afectados. Ya la baja del dólar crea tensiones y desequilibrios en la economía nacional. Por supuesto, el equipo económico del gobierno tanto como los grandes empresarios parecen estar mirando para otro lado. Quizás se ilusionen con que las rentas por el gas evitarán una crisis mayor en el país, pero en realidad, el programa económico del MAS de colaboración “neodesarrollista” con el gran capital nacional y extranjero mantiene la dependencia de las transnacionales y el capital extranjero, la “apertura de la economía”, la desregulación financiera, la estabilidad monetaria y el “vuelco exportador” heredados del neoliberalismo. Todo esto no hace sino hacer más vulnerable al país ante los malos vientos en la economía mundial.

Un alerta para los trabajadores

Los temblores en las finanzas internacionales son un campanazo de alerta para los trabajadores y los pueblos oprimidos del mundo que no debe pasar desapercibido. Los capitalistas descargarán los costos de la crisis, como siempre, sobre los trabajadores y el pueblo pobre, mediante la carestía de la vida, los salarios de hambre, el desempleo. Para hacer frente a este peligro, será necesario un programa a la altura de esos ataques, para preservar las fuerzas de la clase trabajadora y hacer que la crisis la paguen sus responsables: los capitalistas.

Por Eduardo Molina