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¿Es la "hora del fascismo"?

 

DESDE ALGUNOS sectores de izquierda se identifica el avance y acciones de la reacción, con el avance del fascismo. Algunos hablan del peligro fascista para justificar el frente con la burguesía y los militares “democráticos” y subordinar al mismo las demandas populares. Otros, simplemente demuestran su confusión, pues al meter bajo la misma etiqueta de “fascismo” a diversas corrientes políticas y fenómenos reaccionarios, impiden clarificar la situación real, los peligros decisivos y las tareas que deben asumir los trabajadores y campesinos.

En Sucre, Santa Cruz y la “media luna” actúa una derecha ultrarreaccionaria que ha logrado base de masas -sobre todo en la pequeña burguesía urbana- agitando demagógicamente las banderas regionales - la autonomía departamental o la “capitalidad plena” para Sucre-; con las que encubre la protección de latifundios y privilegios y la aspiración a seguir controlando y explotando “sus” departamentos como si fueran sus fincas y haciendas.
Con los Cabildos y paros cívicos, y en acciones y enfrentamientos como en Sucre, Cobija, Trinidad, Riberalta, han logrado hacer movilizaciones de masas reaccionarias con los que reafirmar el control regional y presionar al gobierno.

Sobre esta base política y social, las élites burguesas y terratenientes locales buscan establecer virtuales “minidictaduras departamentales” para impedir que emerja el incipiente movimiento de los trabajadores, campesinos pobres e indígenas secularmente explotados y oprimidos y negociar desde una posición de fuerza con el gobierno central.

Para esta tarea dejan correr grupos de choque, al estilo de la Unión Juvenil Cruceñista, los “Jóvenes por la democracia” en Cochabamba, etc., que se nutren de la pequeña burguesía y el lumpen urbano, y son amparados por los aparatos prefecturales y los Comités Cívicos.
De hecho, hay un movimiento de masas reaccionario bajo banderas regionalistas y conservadoras, basado en las clases medias urbanas y al calor del cual se desarrollan bandas de corte fascistizante; pero no hay todavía un movimiento de masas fascista.

Lo que facilita el desarrollo de esos fenómenos es la política reformista del MAS, que al respetar la gran propiedad agraria y no romper con las transnacionales, no puede ofrecer ningún programa alternativo para socavar la base social ni el poder económico y político de las oligarquías regionales. Al mismo tiempo, el MAS impide que los trabajadores, campesinos e indígenas organicen su autodefensa y se armen para enfrentar a los grupos de acción de la derecha, y llama a confiar en las Fuerzas Armadas y en la Policía Nacional -fuerzas represivas con múltiples lazos con la burguesía y las élites regionales- que ya en Sucre y Cobija mostraron su poca disposición de batir a la derecha.

Bastaría que se dicte una radical reforma agraria, se nacionalizen bajo control de los trabajadores los bancos, las grandes empresas y agroindustrias y se reconozcan plenos derechos laborales y un salario acorde a la canasta familiar, para que los trabajadores, campesinos, empleados y pueblo humilde del Oriente se liberen de la tutela de los Comités Cívicos y se pongan en pie de lucha.
Si junto a ello, las organizaciones de masas organizan su autodefensa, exigen al gobierno la entrega de armas y centralizan milicias obreras y campesinas, dándoles algunas lecciones a las envalentonadas bandas de la reacción, la mayor parte de los jóvenes ricos y lumpenes dispuestos a apalear “indios”, perdería todo valor combativo.

Además, en un país semicolonial e industrialmente atrasado como Bolivia, la forma más probable que asumirá la contrarrevolución, como lo muestra la historia misma, es la de los golpes militares y gobiernos bonapartistas de derecha, de los que los grupos fascistas serán a lo sumo auxiliares o “vanguardia de choque”. Nada es más criminal que la política del MAS de generar confianza en las Fuerzas Armadas, masacradoras de Octubre, que en los momentos decisivos no dejarán de jugarse a reeditar el papel de los Barrientos, Banzer o García Meza para enfrentar el peligro de la revolución obrera y campesina... si el gobierno de frente popular y las trampas de la democracia burguesa no bastan para impedir su desarrollo. Por ello, hay que levantar una política consecuente de autodefensa de masas y para ganar a la base del ejército contra la casta de oficiales reaccionaria y proburguesa hasta la médula, aunque a veces guste vestirse de “patriota” o “democrática”.

E. M.