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El problema de la guerra civil

 

En términos similares se plantea la discusión sobre las posibilidades de la secesión del Oriente y una guerra civil. Algunas voces en la derecha utilizan esa posibilidad para chantajear y presionar por un acuerdo, algunos grupos ultrarregionalistas se preparan para ello, pero no es la política actual de ninguna fracción decisiva de la clase dominante y el imperialismo, que son conscientes de que sería una apuesta muy arriesgada y al menos por ahora, prefieren jugar las cartas de la democracia y desgastar al MAS al mismo tiempo que aprovechan su rol de contención de las masas en la protección de sus intereses esenciales.

Otras voces del populismo radical y la izquierda magnifican el peligro de guerra civil y su inmediatez para justificar el “apoyo crítico” al gobierno y su Constitución, lavándole, de paso, la cara al MAS, diluyendo su responsabilidad política en la actual situación y justificando la necesidad de “moderación y no caer en la provocación”.

La etapa revolucionaria abierta en Bolivia con el levantamiento insurreccional de Octubre de 2003 se ha caracterizado -y no podía ser de otra forma- por las tendencias a la guerra civil; es decir, a que las luchas políticas no puedan ser reguladas a través de las instituciones normales, y estallen frecuentes enfrentamientos físicos entre las masas y las instituciones represivas, o entre partes enfrentadas de la población.

Sólo Evo Morales y García Linera pueden soñar con suprimir la tendencia histórica a mayores enfrentamientos entre revolución y contrarrevolución con ayuda de sus experimentos reformistas.

La guerra civil es la forma abierta y elevada de la lucha de clases y esta perspectiva está inscripta en las posibilidades de desarrollo del proceso nacional. Innegablemente, una escalada de confrontación plantea la posibilidad de que se reabra el sendero de la guerra civil, incluyendo nuevas explosiones a nivel local. De hecho, el accionar de los grupos de choque es un severo alerta de hasta qué extremos puede llegar la burguesía, que apelará sin duda al golpismo, la guerra civil y el fascismo como último recurso, si presienten que no les queda otro recurso y ven fallar los métodos del MAS de colaboración de clases.

Pero que en esta etapa estén planteadas tendencias a choques mayores entre las masas y la reacción proimperialista, exige no renunciar a un programa y una política revolucionarias y luchar con más fuerzas que nunca para liberar la energía de las masas, romper la subordinación política al gobierno del MAS que no hace sino atarles las manos a los obreros, campesinos y pueblos originarios, y levantar un programa para preparar a los trabajadores y el pueblo en esa perspectiva, es decir, la de prepararse para triunfar en el camino d ela guerra civil y la revolución.

Por E.M.