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Frente a la derrota de Chávez en el referéndum


Venezuela
 

Internacional

Luego de anunciarse la derrota del gobierno de Chávez en el referéndum de la reforma constitucional, los festejos de la derecha cubrieron las calles mientras que, desde los sectores afines al chavismo, la perplejidad se hizo a todas luces notoria. Y no era para menos: era la primera vez en sus nueve años de gobierno, y en más de cinco elecciones consecutivas convocadas desde el Ejecutivo -sin contar las de gobernaciones, diputados, alcaldes y parroquias-, que Chávez perdía una elección, y sobre todo, en un referéndum en el que, según el propio presidente, se jugaba una reforma constitucional que terminaría de dar forma y contenido a su proyecto político y le garantizaría poder postularse a la presidencia de la República tantas veces quisiera.

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Los porcentajes del cerrado resultado de 50,7 % por el NO de la oposición y el 49,29 % del SI del gobierno, con un 44,39 % de abstención, no terminan de graficar lo que los porcentajes muestran. Los números revelan que la oposición de derecha no ha sobrepasado lo que históricamente había venido sacando, y es prácticamente igual a lo que había obtenido en la elección presidencial de 2006. Sin embargo, el gobierno pierde casi tres millones de votos.

Si descontamos el poco porcentaje de votos por el NO, de algunos sectores que venían sufragando por el chavismo, la derecha no avanza en lo más mínimo en términos numéricos, habida cuenta que por primera vez después de su derrota del golpe y el paro sabotaje se unifican en un 100% en una política, su llamado al voto por el NO. Por eso el gran derrotado es el gobierno, no sólo por el estrecho margen porcentual de los números relativos, sino porque casi 3 millones de votantes decidieron esta vez no acompañarlo. La derecha gana, no tanto por la fuerza propia, sino por la gran defección que se originó en las filas de los votantes del chavismo. La gran lección es que no se puede luchar por la “liberación nacional “y más aún por el “el socialismo del siglo XXI”, mientras se estrangula la acción del movimiento de masas -las mismas que defendieron a Chávez contra el golpe de abril de 2002-, mientras se cercena la autonomía de sus sindicatos y demás organizaciones independientes y se reprimen las luchas más avanzadas del movimiento obrero como la de Sanitarios Maracay.

Como afirmamos en numerosos artículos previamente, la reforma constitucional que proponía el gobierno, lejos de ser un “avance hacia el socialismo” como se la quiso presentar, constituía un intento de perpetuar un régimen bonapartista burgués que viene favoreciendo en lo fundamental a los “nuevos ricos bolivarianos” y haciendo retórica antiimperialista, pero sólo regateando con el mismo sin afectar ninguno de sus intereses fundamentales, tal como se expresa en las empresas mixtas del sector petrolero.

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Desde la Juventud de Izquierda Revolucionaria, hemos venido definiendo al régimen político de Hugo Chávez como un régimen bonapartista que buscaba apoyo en el movimiento de masas para negociar en mejores condiciones con el imperialismo y la gran patronal nativa, recurriendo constantemente a elecciones plebiscitarias para legitimar sus políticas, que hasta ahora ganaba holgadamente. El proyecto de la reforma constitucional apuntaba a reforzar estas formas políticas del gobierno y del régimen hacia una mayor bonapartización. El resultado del referéndum deja claro que este intento de arbitraje permanente ha sido derrotado. Chávez podía unir por arriba para la articulación de sus políticas y arbitrar entre las clases, porque obtenía y tenía mayoría en los votos. Por tanto podemos afirmar que el bonapartismo plebiscitario, tal como ha venido existiendo, tiende a desaparecer.

Chávez, como todos los bonapartistas nacionalistas burgueses, ha desarrollado una política sin salida estratégica favorable para los explotados, ya que si hubiera triunfado significaba un avance en el proceso de regimentación del movimiento obrero, campesino y popular, únicos actores posibles de cualquier transformación revolucionaria de la sociedad, como hemos venido denunciado. Al ser derrotado, como ha acontecido, le brinda un triunfo político en bandeja al imperialismo y a sus agentes más directos, tanto internamente como en el continente a los proimperialistas como Uribe o a los social-liberales como Lula en Brasil o Bachelet en Chile, entre otros.

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Este triunfo electoral, capitalizado en lo inmediato por los enemigos de derecha de Chávez, no significa una derrota automática del movimiento obrero y del pueblo pobre de Venezuela. Asistimos una autoderrota de Chávez, pero no hay un avance crucial de la derecha. Tras la derrota del domingo 2 de diciembre, Chávez no puede seguir gobernando como lo ha venido haciendo. Lo más probable es que asistamos al surgimiento de nuevas fuerzas políticas (o viejas recicladas) provenientes tanto de las filas de la chavismo por la descomposición interna que se pueda abrir frente a el fracaso electoral, como también entre las filas de la oposición que no es para nada homogénea. Dentro de las filas del chavismo, esta descomposición (nuevo surgimiento de fuerzas políticas) empezó con la salida de Isaías Baduel -hombre del riñón del chavismo y aún de gran ascendencia dentro de las Fuerzas Armadas- que intenta perfilarse como una tercera opción entre el chavismo y la oposición apelando a su trayectoria política.

En la derecha son claras las diferencias entre los distintos partidos políticos, e incluso entre el emergente movimiento estudiantil derechizado existen grandes diferencias en los principales cabecillas, siendo que cada uno de ellos están alineados con diversos partidos de la derecha. Esto puede dar luz a un nuevo reordenamiento político venezolano donde la dicotomía chavismo-antichavismo tienda a desaparecer al resurgir múltiples organizaciones políticas. Pero no hay que confundirse, el chavismo, o más estrictamente hablando, Chávez, aún mantiene una enorme fuerza de masas. Chávez, que cuenta con mandato presidencial hasta el 2012, tiene aún un amplio margen de maniobra como corriente política, gozando de una gran simpatía latinoamericana, y se posiciona sobre una bonanza económica y una fuerte base social.

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Como hemos venido insistiendo en diversas declaraciones y numerosos artículos políticos, la derecha ha levantado cabeza gracias a la propia política del gobierno, de pactos y negociaciones con ella. Frente a todas sus embestidas, y una vez derrotadas, Chávez les tendía la mano. Esto lo vimos durante el golpe de abril, durante el paro saboteo, y demás situaciones políticas.

Las manifestaciones estudiantiles derechizadas, que adquirieron fuerza en el último período, fueron el nuevo rostro que intentó utilizar esta derecha y que enarbolaba las banderas más reaccionarias y gorilas que se pudieran conocer. Además del conjunto de las banderas reaccionarios y falsas afirmaciones de que Chávez atacaría la propiedad privada e instauraría un “régimen socialista totalitario”, con gran cinismo y descaro la derecha tomó banderas democráticas frente al proyecto de mayor bonapartización del gobierno, incluso hasta se dio gala de hacer uso de la bandera democrática de Asamblea Constituyente, ya que el gobierno se negó incluso a discutir su proyecto de reforma en este tipo de instancia política.

Hugo Chávez, al tiempo que ha venido desarrollando distintos planes sociales (vía las Misiones) ante los sectores más pobres, ha también venido favoreciendo a los grandes sectores empresariales, nacionales como internacionales al mismo tiempo que toman más cuerpo los nuevos ricos “bolivarianos”.

El antiimperialismo de Chávez no ha pasado de retórico, de la expulsión de las trasnacionales del país y expropiación de sus bienes, como medida consecuentemente antiimperialista, ni un atisbo, y quiso mostrar la instalación de las empresas mixtas con los pulpos petroleros como gran medida “nacionalista”. No se dio ni un paso en poner la industria bajo control democrático de sus trabajadores. Y peor aún, cuando los trabajadores avanzaron en poner en funcionamiento fábricas ante los cierres patronales, como Sanitarios Maracay, fueron reprimidos. Las corporaciones imperialistas del petróleo y el gas conviven y lucran tranquilamente en nuestro país supuestamente en “revolución”. Chávez ha sido incapaz de dar una respuesta real al problema agrario: su política no ha dejado de ser una tímida redistribución de algunas tierra “ociosas” durante estos 9 años, que han dejado sin mayores alteraciones la gran propiedad agraria en el país, y un saldo de ya casi 200 campesinos pobres asesinados a manos de los terratenientes. Las contradicciones sociales no resueltas durante estos años, pueden emerger frente a la crisis del régimen chavista.

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Frente al referéndum diversos sectores se encandilaron con el proyecto de reforma constitucional de Chávez y llamaron a votar escandalosamente por el SI, aduciendo que en ella se encarnaba el camino del socialismo, cuando no era más que una política de reforzar el bonapartismo y control sobre las organizaciones de masas, y avanzar, eso sí, en su “socialismo con empresarios”. Dentro de la izquierda del chavismo y fanáticos militantes dentro del PSUV, sectores como Marea Socialista solidarios del MST argentino, el PSOL de Brasil, y otros agrupamientos de menor envergadura y de menor importancia como la corriente El Militante, vergonzosamente se sumaron a esta política. Pero no faltaron los que llamaron a votar por el NO, como lo hizo la corriente internacional del PSTU de Brasil, mezclando sus banderas con la oposición de la derecha pronorteamericana que comandó el bloque contra Chávez. Lejos de lo que hizo la corriente internacional del PSTU, la clave radicaba en separarse tajantemente tanto del chavismo como de los sectores burgueses reaccionarios en el camino de forjar una política obrera independiente.

6

Se abre una nueva perspectiva para una política obrera independiente, por el proceso en curso de experiencia con el chavismo. El bonapartismo de Chávez, que mientras hablaba de “socialismo” y hacía algunas tímidas reformas desde arriba, intentaba actuar como “árbitro” entre los intereses en pugna reglamentando la vida sindical y política de los explotados, ha entrado en grave crisis. Hoy, la afirmación de Chávez de que “No estamos maduros para un proyecto socialista”, es toda una justificación y un mensaje a todos los sectores políticos de cambios hacia la derecha en el rumbo político, para asegurar la “gobernabilidad” con nuevas negociaciones con la oposición. En este marco, hay que prepararse para luchar contra los eventuales pactos que el chavismo derrotado hará con la derecha a espaldas del pueblo, y que serán una continuación del “pacto de caballeros” que hicieron durante la noche del 2 de diciembre para dar a conocer los resultados.

A su vez, hay que profundizar la pelea por defender la plena autonomía de los sindicatos y las organizaciones obreras, campesinas y populares, contra toda regimentación y subordinación al Estado burgués. Hemos venido afirmando que frente a la experiencia que vienen comenzando a hacer sectores de vanguardia con “su gobierno”, se abre la posibilidad de unificar a los sectores avanzados del movimiento obrero con un programa propio, de forma independiente del gobierno, para movilizar a amplios sectores por sus demandas.

En este camino, es posible dar pasos en construir un partido de trabajadores para pesar en forma independiente en la vida política nacional.

La propuesta de un gran partido obrero independiente basado en las propias organizaciones de la lucha de masas, es para intentar superar la tijera abierta entre lo que los trabajadores ven como sus propias organizaciones de lucha (los sindicatos independientes), y la necesidad de una dirección política de los propios trabajadores con independencia de los partidos patronales, incluyendo el PSUV, el partido del “socialismo con empresarios” que construye Chávez. Un gran partido obrero independiente basado en los organismos de representación y lucha de los trabajadores y basado en los métodos de la democracia obrera y que levante un programa claramente anticapitalista, en la perspectiva de un gobierno obrero, campesino y del pueblo pobre como única vía real para dar pasos hacia la resolución de los principales demandas obreras, campesinas y populares, contra todo palabrerío del “socialismo del siglo XXI”. Es clave hoy unir a los que se reclamen de la izquierda revolucionaria tras la política de un partido de este tipo, ya que de no desarrollarse una posición independiente, casi seguro iremos hacia una derechización con un nuevo régimen bonapartista o semibonapartista acordado a espaldas del pueblo.

Desde la Juventud de Izquierda Revolucionaria hemos llamado a votar nulo al igual que el compañero Orlando Chirino y su corriente política. En este sentido, llamamos a Chirino, a su espacio político y a todos los que se oponen a Chávez, desde la izquierda clasista, a una lucha encarnizada por la defensa de las demandas de los trabajadores, por la independencia de sus organizaciones sindicales y por la formación de un partido propio de los trabajadores.

JIR
Juventud de Izquierda Revolucionaria
Miembro de la Fracción Trotskista - Cuarta Internacional