< Inicio
< Atrás

Palabra Obrera Nº 65

Palabra Obrera N° 64

Palabra Obrera Nº 63

Palabra Obrera Nº 62

Palabra Obrera Nº 61

Palabra Obrera Nº 60

Palabra Obrera Nº 59

Palabra Obrera Nº 58

Palabra Obrera Nº 57

Palabra Obrera Nº 56

Palabra Obrera Nº 55

Palabra Obrera Nº 54

Palabra Obrera Nº 53

Palabra Obrera Nº 52

Palabra Obrera Nº 50

Palabra Obrera Nº 49

Palabra Obrera Nº 48

Palabra Obrera Nº 45

Palabra Obrera Nº 44

Palabra Obrera Nº 43

Palabra Obrera Nº 42

Palabra Obrera Nº 41

Palabra Obrera Nº 40

Palabra Obrera Nº 39

Palabra Obrera Nº 38

Palabra Obrera Nº 37

Palabra Obrera Nº 36

Palabra Obrera Nº 35

Palabra Obrera Nº 34

Palabra Obrera Nº 33

Palabra Obrera Nº 32

Palabra Obrera N° 31

Palabra Obrera N° 30

Palabra Obrera Nº 29

Palabra Obrera Nº 28

Palabra Obrera N° 27

Palabra Obrera N° 26

Palabra Obrera N° 25

Palabra Obrera N° 24

Palabra Obrera Nº 23

Palabra Obrera Nº 22

Palabra Obrera Nº 21

Palabra Obrera Nº 20

Palabra Obrera Nº 19

Palabra Obrera Nº 18

PALABRA OBRERA Nº 17

PALABRA OBRERA Nº 16

Palabra Obrera Nº 15

Palabra Obrera Nº 14

Palabra Obrera Nº 13

Palabra Obrera Nº 12

Palabra Obrera Nº 11

Palabra Obrera N° 9

Palabra Obrera - Boletín Especial - junio 2005

Palabra Obrera Nº 8

Palabra Obrera Nº 7

Ediciones Anteriores
Revista Los Andes
Tesis Fundacionales
Anterior página web


XXXº congreso de la FSTMB

El MAS y los conciliadores coparon la directiva


Hay que reagrupar a la vanguardia minera
 

EL CONGRESO MINERO realizado en el distrito minero de Inti Raymi entre el lunes 24 y el sábado 29 de marzo, terminó en una bochornosa plenaria donde, debido a la ruptura de las deliberaciones, el comité ejecutivo quedó provisionalmente en manos del Presidium dirigido por el ex lechinista y actual masista Mamerto Goycochea y el dirigente del sindicato de Inti Raymi, quienes en el plazo de 90 días deberán convocar a un nuevo congreso.

Un congreso gris

El congreso había despertado expectativas por su importancia como evento sindical y de debate político de los trabajadores, ante la crítica situación nacional, el alza del costo de vida y los síntomas de cambio en algunos distritos mineros que han empezado a pelear como Colquiri. Se esperaba la llegada de 350 delegados de unos 50 sindicatos, lo que da cuenta del fortalecimiento numérico y organizativo de los mineros en el último período.

Sin embargo, el burocrático desarrollo del congreso no fue capaz de reflejar nada de esto en sus sesiones. Los primeros tres días fueron ocupados en la acreditación de delegados y el mayor debate se produjo en la Comisión Política que debió optar entre cuatro documentos presentados: el de jubilados y rentistas (que buscaba el abierto apoyo político al gobierno y de donde provienen miembros del Presidium votado), el de Huanuni (el más de izquierda), el de COMIBOL (retirado para apoyar al de Huanuni) y el del distrito de San Vicente.

A diferencia de otros congresos donde en la Comisión se aprobaba uno por mayoría y otro por minoría y ambos se sometían a la plenaria, esta vez se impuso el criterio de presentar un solo “documento de consenso”, siendo el de Huanuni el que serviría de base para esta elaboración.

El resultado fue como dijo unl delegado, “un documento del sindicalismo amarillo” ya que si bien conservaba el texto de Huanuni, se le habían agregado en la plataforma de lucha expresiones tales como “la defensa de la seguridad jurídica de las inversiones privadas”. Finalmente la controversia la resolvió expeditivamente el Presidium reformulando el punto como “defensa de la estabilidad laboral de los trabajadores de la empresa privada”. Sin embargo, el documento final si bien tiene ciertas posiciones correctas, también tiene ambigüedades y concesiones al reformismo, y estaban ausentes tareas claves como la de la alianza obrera y campesina, pese a que muchas comunidades campesinas vienen intentando ocupar por la fuerza minas como Himalaya o más recientemente “Santa Maria”, así como una política que contemple a los desocupados y el planteo de una verdadera política minera de los trabajadores.

El MAS y su “jugada de ajedrez”

El MAS, junto a dirigentes del ala más ligada a la empresa privada se hicieron con el control de la Federación gracias a hábiles maniobras burocráticas y a la ausencia de una izquierda consecuente y bien organizada que pudiera desenmascararlos.

La “jugada” empezó con la elección del Presidium, que fue aprobada por aclamación por los delegados apenas iniciado el congreso. Esto ya garantizaba que en caso de estallar el mismo -como finalmente sucedió- sería el masismo el que quedara con el control. Sin embargo a lo largo del congreso empezaron a aparecer cartas, supuestamente de las asambleas de los distritos mineros, apoyando al dirigente César Lugo, conocido pro- neoliberal y defensor de las transnacionales.

Según los estatutos, el que tiene mayor cantidad de cartas de asambleas de base debe ser el nuevo Ejecutivo de la Federación. Aparecieron 21 cartas a favor de Lugo -fraguadas en el sitio- contra unas pocas a favor de Huanuni. De esta manera se violaban los acuerdos políticos establecidos en el anterior congreso entre Huanuni y la privada, de que esta vez debería corresponder a los de la minería estatal la Secretaría Ejecutiva y se pretendía imponer la elección de Lugo.

Ante estas maniobras escandalosas, se rompió la sesión, por lo que la dirección provisoria de la FSTMB queda a cargo del Presidium pro-masista.
Así, en todo momento trabajaron para excluir a Huanuni, que con sus más de 90 delegados y su peso como sector de vanguardia podía convertirse en un obstáculo para sus planes, y también lograron desplazar al ala de los dirigentes que si bien concilió con el MAS, intentó mantener cierta independencia formal y un perfil combativo.

De esta forma, el MAS y sus aliados avanzan en su objetivo de controlar burocráticamente a la FSTMB, para que ésta sea más dócil a sus políticas y se preste a apoyar al Gobierno o cuando menos “apoyar el proceso de cambio”.

Una primer evaluación

El congreso estuvo muy por detrás de lo que necesitaban los trabajadores mineros. Se perdió una oportunidad para convertir al congreso en un punto de apoyo para la unidad de la base minera y el fortalecimiento de la clase trabajadora nacional y su lucha. El desarrollo burocrático de las sesiones impidió una discusión profunda sobre el documento político y temas importantes como el alza del costo de vida, cómo enfrentar a la derecha, o la necesidad del Instrumento Político estuvieron prácticamente ausentes, sin adoptarse un plan de acción concreto.
Ese carácter burocrático se expresó también en el rechazo al pedido de las amas de casa (ver nota) y la negativa a reconocer delegados a los compañeros de Totoral, que hace 15 años luchan por la nacionalización de esa empresa abandonada por el ex propietario Orlandini.

Si bien el debate más importante siempre se da alrededor del documento político, a diferencia de otras épocas en que los documentos se convertían en guías de acción, hoy están muy devaluados, quedan en un cajón de los escritorios de la Federación, como ocurre con las resoluciones sobre el Instrumento Político de los Trabajadores, desde prácticamente el año 2000, sin que se haya hecho nada para materializarlas.

Hace varios años que el verdadero eje de discusión es que sean contemplados los distintos intereses sectoriales de forma "corporativista".

Así, por ejemplo, la discusión en este Congreso fue alrededor de la defensa de la fuente de trabajo ante eventuales nacionalizaciones o tomas por parte de campesinos o desocupados -una preocupación real de muchos trabajadores-, pero que debe ser planteada no en términos de cerrar filas detrás de los empresarios, sino con una respuesta de clase, por la unidad de las filas obreras y la alianza con los campesinos y cooperativistas pobres en base a un programa obrero para la minería. Pero ¿cómo convencer a los trabajadores honestos de las ventajas de la nacionalización, si los dirigentes concilian con un gobierno que se asocia con los pulpos mineros y no quiere nacionalizar, en lugar de levantar ese programa?

La discusión entre los delegados sobre la necesidad de llevar dirigentes jóvenes y nuevos a la Federación es sana, pero no se trata de un simple problema de edad o de renovación -así planteada puede ser usada para un nuevo arribismo burocrático-sino que debe ligarse a la discusión de qué dirección forjar alrededor de la más amplia democracia obrera, expulsando a las camarillas burocráticas y en torno a un programa y estrategia de los trabajadores.

Por otra parte el método del “consenso” es utilizado en sus maniobras por la burocracia para armar sus componendas, recortar la democracia obrera y ahogar la necesaria lucha política que permitiría reagruparse a la vanguardia.

La lucha sigue y la vanguardia minera debe iniciar una profunda reflexión y organizarse para defender a la FSTMB y sus sindicatos como instrumento de lucha de los trabajadores.

Por Javo Ferreira