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Editorial

La derecha va por mas. Quiere una rendición total.


Evo retrocede regateando ¿A quién beneficiaría un referéndum revocatorio?
 

EL 4 DE MAYO EN SANTA CRUZ, la derecha autonomista obtuvo un triunfo político importante que la envalentona a exigir más. Ahora, mientras el gobierno insiste en pedir "diálogo", la “media luna” sigue adelante con su calendario autonomista, mientras el Senado aprobó la propuesta de "referéndum revocatorio" que el MAS había presentado en diciembre y el Gobierno parece aceptarlo.
En la pelea entre gobierno y opositores, cualquier acuerdo, sean las consultas en las urnas o un “diálogo nacional” serán a costa de los intereses populares.
El pueblo trabajador está dispuesto a combatir a la reacción.


¿Cómo contraatacar? Los trabajadores necesitan hacer un balance claro de de la situación a que ha llevado el MAS, permitiendo que la derecha se fortalezca.
Para liberar toda la fuerza de masas, hay que romper con la política conciliadora del gobierno que los actuales dirigentes imponen en la COB y las organizaciones populares.

Cada lucha obrera y popular que triunfe, ayudará a construir la contraofensiva de los trabajadores, campesinos y pueblo pobre.



1. El triunfo político de la reacción y sus límites

El SÍ al estatuto autonómico en el referéndum del pasado 4 de mayo le proporcionó una victoria política a la derecha autonomista cruceña. Actuando como vanguardia del frente burgués opositor, los cívicos logran inclinar la balanza política cada vez más a la derecha y continuar la ofensiva autonomista con los referéndums en Beni y Pando (1º de junio), luego en Tarija (22 de junio) y finalmente, en Chuquisaca con las elecciones de prefecto.

Sin embargo chocan con límites: “por arriba”, pues el estatuto autonómico no tiene fuerza legal inmediata y mientras avanzan hasta donde pueden “haciendo autonomía al andar”, necesitan “compatibilizarlo” con el andamiaje institucional del país -como reconocen los principales dirigentes cruceños, lo cual obligará a negociar con el gobierno. Y “por abajo”, ante el importante grado de resistencia popular, que se expresó en la suma de abstención y votos no positivos, en la acción de sectores de vanguardia (Yapacani, San Julián, Montero, Plan 3.000),; mientras que a nivel nacional se manifestó en las enormes concentraciones de rechazo en el Occidente (La Paz, El Alto, Oruro, Cochabamba, etc.).

2. El gobierno prepara una retirada mayor

El gobierno sintió el golpe y aunque descalificando la consulta, Evo Morales tuvo que resignarse a “convocar a todos los Prefectos del país para que desde mañana trabajemos por una verdadera autonomía, basada en la legalidad y en la nueva Constitución Política del Estado. Espero que los Prefectos me escuchen, para que garanticemos una verdadera autonomía, para los sectores, pueblos indígenas y todos los departamentos”, pidiéndoles nuevamente el comienzo del diálogo (Mensaje presidencial del 4 de mayo); ratificando que acepta las autonomías, pero esperando aún regatear los términos.

La derrota tiene un alto costo político para el MAS aumentando los elementos de crisis en el oficialismo mientras crece el desgaste a ojos de sectores obreros y populares. Las medidas de Evo -como los decretos del 1º de mayo (sobre ENTEL, la recompra de 4 petroleras y legislación laboral) no alcanzan a revertir este deterioro y son gestos parciales en el marco del curso "pactista" del gobierno.

3. ¿Diálogo y Referéndum revocatorio?

La oposición quiere un pacto, pero en sus propios términos. Como dijo Costas: “Debemos lograr un acuerdo nacional que armonice las normas bolivianas y fortalezca las instituciones de la República (...) Bolivia nos exige un pacto que no viole la democracia, la libertad ni el estado de derecho” (La Razón, 5-05). Por eso buscan profundizar la derrota política del Gobierno con las próximas consultas autonomistas en la “media luna”. Quieren hundir la pretensión del MAS de salvar la nueva Constitución y lograr que la reconstrucción del régimen político-estatal les sea más favorable.

La resistencia de Evo a aceptar lo que sería una rendición completa, parece haber habilitado el jueves 8 la sorpresiva aprobación por el Senado, que domina PODEMOS, de la propuesta de referéndum revocatorio que el propio Gobierno había presentado hace 5 meses. Por su parte, el MAS aceptó esta salida y promulgaría el llamado a consulta revocatoria de mandatos para el 10 de agosto. Aún hay bastante que negociar para ver si esta solución se impone y cómo. Entre tanto, la reapertura del diálogo con los prefectos abre una nueva negociación. Sea como sea, sólo podrían lograr un “acuerdo nacional” y poner coto a la crisis política a costa de un mayor disciplinamiento de Evo a las exigencias del conjunto de la burguesía y el imperialismo, sacrificando las más elementales expectativas populares. Por lo pronto, ratifican lo que habíamos advertido hace tiempo: pueden pelear en muchas cosas, pero están de acuerdo en que la pelea no vuelva a las calles para evitar una crisis mayor y que las masas populares intervengan. Aún está por verse hasta dónde lo lograrán.

4. Una seria advertencia

Los últimos acontecimientos son un alerta que no debe ser despreciado: la política del MAS alimenta el fortalecimiento de la derecha y prepara mayores derrotas, quizás, un salto reaccionario mayor en la situación política.

¿Cómo se ha llegado a esto? Evo Morales subió al gobierno al calor del proceso revolucionario del levantamiento de Octubre de 2003 y las Jornadas de mayo-Junio del 2005, con el masivo voto del 54% mientras los partidos neoliberales se hundían. Durante dos años tuvo favorables condiciones para cumplir con sus propias promesas, comenzando por la Asamblea Constituyente. Pero su tarea histórica, como la de todo gobierno reformista o frentepopulista, es desviar a las masas del camino revolucionario que habían iniciado, haciendo creer que con reformas constitucionales y sin expulsar a las transnacionales, es posible lograr la liberación nacional y social. Cuanto más éxito tuvo el MAS en desmovilizar a las masas, menos espacio para aplicar sus tibias reformas le conceden la burguesía y el imperialismo, y más envalentonadas se sienten las fuerzas conservadoras, que contaron con más de dos años y grandes concesiones del MAS para recuperar fuerzas, rearmarse políticamente y retomar la iniciativa.

La situación actual es resultado de la estrategia masista de colaboración de clase con los empresarios, los terratenientes, las transnacionales y sus representantes, al servicio de la cual no se expropió un solo latifundio, las “nacionalizaciones” no fueron más que renegociación de contratos, y todas las demandas obreras y populares de importancia fueron postergadas, sin tomar ninguna medida para quebrar el poder económico, social y político de la reacción burguesa y proimperialista.

5. El “peligro fascista” y la conciliación de clases

Los dirigentes masistas justifican con el “avance del fascismo autonomista” y el riesgo de “división del país” su política de conciliación y retrocesos permanentes ante la derecha. Al mismo tiempo obligan a los trabajadores, a los campesinos y el pueblo pobre a “marcar el paso en el mismo lugar”, impidiendo toda movilización nacional unificada contra la reacción. Con ese discurso disimulan que la derecha avanza apoyándose en las urnas con el aval del MAS.

Claro que si los buenos servicios del gobierno y los “diálogos” y “pactos” no resultaran suficientes, indudablemente la clase dominante, que hoy ya cuenta con los grupos de choque autonomistas para complementar sus planes, optará por otros medios, incluso las intentonas abiertamente contrarrevolucionarias. Pero la única forma de enfrentar a la reacción y prepararse para esos peligros es desarrollar desde ahora la movilización, golpeando las bases de la gran propiedad privada de la tierra y las empresas y expulsando a las transnacionales.

6. ¡Basta de subordinación a la política conciliadora del MAS!

Los dirigentes de la COB, CSUTCB, etc., callan esto para sostener al gobierno con su apoyo político - a veces “crítico” o en nombre de “defender el proceso de cambio”-, sirviendo de correa de transmisión de la colaboración de clases con la burguesía al interior de las organizaciones de masas. Los candidatos a ser “mariscales de la derrota”, como Pedro Montes, Edgar Patana, etc., confunden y desmoralizan en lugar de centralizar las luchas que recorren el país con un programa de acción para derrotar a la derecha e imponer las impostergables demandas obreras, campesinas y populares.

Es cierto que la amplia mayoría, especialmente en el campo y en los barrios populares, mantiene ilusiones en Evo Morales, pero entre los trabajadores avanzados y la juventud combativa se comienza a buscar cómo enfrentar a la derecha y reabrir el camino para las demandas obreras y populares.

Los socialistas revolucionarios les decimos que subordinar las organizaciones de masas a la política oficial de diálogo y concertación, sólo favorece a la derecha. Los trabajadores y el pueblo necesitan las manos libres para enfrentar a la reacción burguesa y esta lucha es inseparable de la lucha contra la carestía de la vida, los bajos salarios y pro las demás demandas. “Mirar para otro lado” como hace la COB para no criticar la política económica oficial, sólo sirve para que los empresarios puedan hacer demagogia con la inflación... que usan para proteger y engordar sus propias ganancias.

7. Coordinar las luchas para preparar la contraofensiva obrera y popular

A pesar del fortalecimiento de la derecha, del giro conservador de la clase media urbana y de la desmovilización impuesta por el MAS, no falta disposición a luchar, como lo mostraron los grandes cabildos del 4 de mayo en El Alto, La Paz, Cochabamba, Oruro, Potosí y otros sitios; y durante abril, los numerosos conflictos por el salario, la defensa de la fuente de trabajo y otras demandas como en Colquiri, Huanuni, Ecobol, Salud, Makitesa, etc.

Mayo comienza con anuncios de movilizaciones en el magisterio y otros sectores, mientras la subida del pan y la escasez de harina, gas, etc., hacen crecer la impaciencia popular y seguirá el debate sobre cómo enfrentar a la derecha. Aunque el rol frenador de las direcciones nacionales es un grave obstáculo, si esta disposición a luchar se traduce en movilización, puede desbaratar la ofensiva reaccionaria y volver a torcer a izquierda la balanza de la situación política.

Pero es necesario preparar política y organizativamente la contraofensiva obrera y popular, extendiendo y centralizando el frente único obrero y de masas con los métodos de lucha de los trabajadores, los únicos que pueden parar la ofensiva de la derecha, lograr las demandas como el salario y la defensa de la economía popular frente al alza en el costo de vida y abrir el camino a una salida de fondo a la crisis nacional.

Un primer paso importante es rodear de solidaridad y ayudar a triunfar los conflictos obreros y populares, comenzando a coordinar las luchas. Junto con ello, hay que romper la subordinación de la COB y las organizaciones sindicales al gobierno, llevando el debate a todas las instancias e imponiendo el adelantamiento del Congreso de la COB (ver págs, centrales), para que se vayan los dirigentes conciliadores y decidir un plan de acción para rearmar la movilización. Ese Congreso también debe debatir cómo construir un instrumento político de los trabajadores, para que la voz de la clase obrera pese en la política nacional con una alternativa ante las opciones de la derecha y el agotamiento del reformismo masista.

Por Eduardo Molina