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Crisis alimentaria: ganancia para pocos, hambre para muchos

 

La enorme crisis alimentaria y las explosiones de hambre en varios países del mundo se expresan en que en los últimos once meses los precios de los alimentos se han incrementado en un 45% de acuerdo a las estadísticas de la FAO. Como parte de esta alza de precios, hay tres rubros que reflejan claramente este encarecimiento: cereales, 180%; aceites vegetales, 60%; y productos lácteos, 83%. Refiriéndose a esta crisis alimentaria, nada menos que el director del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, señaló que “cientos de miles de personas padecerán de inanición si los precios de los alimentos siguen subiendo”, y advirtió, que “este puede ser el camino hacia un gran conflicto en el futuro. Si los precios de los alimentos continúan como hasta hoy, entonces las consecuencias serían terribles”. Asimismo, dejó las cosas claras cuando dijo que “el alza de los comestibles no es un problema sólo para aquellos países que no pueden pagarlos. El problema de precios puede causar desequilibrios económicos que afecten a las economías más desarrolladas”. En esta misma línea, la CEPAL, indicó que “si se confirma un aumento de los precios estimado en un 15% (en lo que va del año), la indigencia en América Latina y el Caribe, crecerá de 68,5 millones a 84,2 millones de personas”. Finalmente, según los datos del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), una agencia de la ONU, “por cada aumento de 1% en los productos básicos, 16 millones de personas son impulsadas a la inseguridad alimentaria”. Esto “significa que 1.200 millones de seres humanos podrían padecer de hambre en forma crónica hacia el 2025; 600 millones de personas más de lo previamente anticipado”.

Sin embargo, la burguesía y sus medios de comunicación señalan que la actual crisis alimentaria estaría causada, por un lado, por una escasez de alimentos; y por otro lado, por la creciente demanda de alimentos en China e India, y que se ven constantemente reflejados en el aumento en los precios de los productos básicos. Es decir, que el aumento de los ingresos de una parte de la población en estos dos países, ha hecho que millones de personas puedan acceder al consumo de carne y otros alimentos, lo que produce el aumento de precios. Aunque el aumento de la demanda china y de otros países ha sido muy grande, no es cierto que la actual situación se deba a una “crisis de oferta”, a una imposibilidad de satisfacer la demanda de alimentos. En los últimos 30 años la producción mundial se triplicó mientras que la población sólo se dobló. Hoy se produce a nivel global 17% más de calorías que en aquél entonces, a pesar del aumento poblacional. El problema es que cada vez se necesita más dinero para adquirirlos y los pobres se ven obligados a consumir menos o directamente quedan librados a la asistencia social. Como señalaba en diciembre un artículo del semanario inglés The Economist "Así, lo que es más destacado de la situación actual de ’agflación’ (un acrónimo de las palabras (ag)riculture e in(flation), creado por economistas del banco Merrill Lynch, N. de R.), es que estos altos precios se alcanzan en una época no de carestía, sino de abundancia. Según el Consejo Internacional de Granos, que tiene su sede en Londres, la cosecha anual mundial total será de 1.660 millones de toneladas, la mayor registrada. Esta cosecha supera en 89 millones de toneladas la del último año, que también fue extraordinaria". Por lo tanto, no es cierto que no alcancen los recursos para alimentar a todo el planeta. Es falso que haya escasez de granos frente al crecimiento de la población mundial. Por el contrario, desde 1961 a la actualidad la población mundial se ha incrementado un 112%, mientras la producción mundial de granos ascendió un 164% y casi un 700% para la carne. No estamos por tanto frente a una crisis de subproducción de granos. Estamos frente a una manifestación brutal de cómo los capitalistas sólo se preocupan por mantener o aumentar sus beneficios, aunque ello implique padecimientos inauditos y hambre para la gran mayoría de la población.

Entonces ¿Cómo se explica esta crisis que no es solamente alimentaria sino la expresión viva de la crisis del capitalismo como sistema? Nada menos que por una fuerte presión inflacionaria generada fundamentalmente por la mudanza de importantes masas de capital especulativos a los mercados a futuros (se compran stocks en forma anticipada) de comodities que funcionan como una burbuja elevando los precios de granos y combustibles, y las ganancias de los capitalistas. Esta crisis también es consecuencia de la creciente concentración monopólica. Hoy en día 5 gigantes mundiales del “agrobusiness” concentran el 80% del mercado de alimentos y reciben multimillonarios subsidios estatales yanquis y europeos. Así, se tiende a arruinar las producciones locales de granos de pequeños productores en los países de América Latina o África, que se ven obligados a aceptar los términos y condiciones de aquellos pulpos sedientos de mayores ganancias. Tan es así que hoy los pulpos imperialistas del agro y los alimentos, están ganando más que nunca, mientras el hambre y la inflación asolan el mundo. En lo que va de la crisis alimenticia, las ganancias de Monsanto aumentaron 100%. Las de Cargill 86%, y así se podría seguir. A esto hay que sumar la fuerte presión que está generando la producción de los agrocombustibles, la cual se ha convertido en otro motor del aumento de los precios de los alimentos. Hoy, en muchos casos se vuelve más provechoso destinar maíz a producir etanol, que a alimentar a la población. En el 2007, EE.UU. desvió 54 millones de toneladas para producir el combustible “verde”. Este año, esa cifra va a aumentar a 76 y el que viene superará los 100 millones. Finalmente, tenemos que sumar a esta crisis, la creciente especulación en los mercados de las materias primas frente al desinfle de la burbuja inmobiliaria, y la depreciación del dólar.

Con la finalidad de “Ayudar a construir un mundo sin hambre” la FAO realizó en Roma entre el 3 y 5 de junio una Cumbre, en la que participaron presidentes, ministros y funcionarios de organizaciones tan benéficas como el Banco Mundial. Con esta “finalidad”, las resoluciones están orientadas a “Aumentar la producción de alimentos” y “eliminar las trabas al comercio internacional”. Ambas resoluciones con la finalidad de acrecentar el problema del hambre, sumar un gran impacto ecológico por la ampliación de las áreas agrícolas sobre bosques y selvas, y aumentar aún más las ganancias de los grandes monopolios del agro. En esta línea, el discurso de Ban Ki-Moon tuvo mucho cinismo al señalar que “hay que elevar la producción global en un 50% para el 2050”, lo cual se vuelve un pretexto para impulsar la “modernización” de la explotación agraria de cientos de miles de campesinos en el mundo, que no significa otra cosa que transformar a esos pequeños productores en rehenes de los grandes monopolios que controla las semillas, agroquímicos y métodos productivos (por demás contaminantes) y que les impondrán precios y condiciones.

Para poner fin a esta situación hay que liquidar la explotación y opresión de los capitalistas y su Estado. Este es el único camino para garantizar una alimentación sana y accesible para todos. Sólo una sociedad socialista, es decir una sociedad no basada en la búsqueda de la ganancia sino en la planificación democrática de la economía de todos los recursos y medios de producción, puede hacer buen uso de los biocombustibles y desarrollar todas las otras fuentes de energía renovable -como la solar, eólica o de la marea- para el beneficio de las masas laboriosas. Sólo la clase obrera junto a los campesinos pobres y los millones de obreros rurales, pueden dar una salida progresiva a la crisis. En los centros imperialistas como EE.UU. y Europa, hay que expropiar a los grandes monopolios del agrobusiness. En los países productores de alimentos, expropiar a los terratenientes y repartir la tierra entre los pequeños campesinos pobres que la trabajan, y arrebatar el negocio de la comercialización a las multinacionales imperialistas estableciendo el monopolio del comercio exterior y ponerlos bajo el control de los trabajadores y los campesinos como única forma de satisfacer las necesidades de las masas, terminando en primer lugar con el hambre y la malnutrición. Sólo sobre esa base, atacando los intereses de los capitalistas nacionales y extranjeros, se puede planificar la producción y distribución de los alimentos y ponerlas al servicio de las grandes masas en todo el mundo

Pity Ezra, en base a Juan Chingo, LVO nro.