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Fausto Reynaga y el fracaso del “etnocentrismo indígena”

 

EN LOS AÑOS 60, con el evidente fracaso del MNR luego de la revolución del 52’, en “homogeneizar” al país en un genuino Estado - Nación, se van a desarrollar en la intelectualidad (e influyendo en la vanguardia obrera campesina y popular), tres corrientes de pensamiento que intentaron explicar el desenlace final de la revolución, así como bosquejar estrategias y métodos de lucha. Uno de los temas en juego era el de la liberación de los pueblos originarios, reducidos por el MNR al concepto de "campesinos" a ser incorporados al mercado y castellanizados.

Por un lado el PCB, aplicando la lógica etapista del estalinismo, que colaboraba con todos y cada uno de los llamados gobiernos “progresistas” (la rosca minera “democrática” antes del 52, luego el MNR y en los 70 los militares patriotas, luego la UDP, y ahora a la estrategia del MAS de conciliación de clases con la burguesía), despreciaba el problema nacional de los pueblos originarios, como ya había demostrado en su colaboración con el MNR en la Reforma Agraria de 1953.

Por otro lado, el POR, que aunque reclamándose del marxismo revolucionario y el trotskismo, se adaptó también al nacionalismo y devaluó el problema aymara, quechua, guaraní, etc., sobre la base de la identificación de las clases oprimidas y explotadas con estas naciones, lo que conducía inevitablemente a obviar sus legítimas demandas nacionales.

Finalmente el indianismo (con sus variantes), que veía en el marxismo otra “forma de colonización” con el pretexto de que devaluaba los aspectos democrático nacionales de las naciones originarias. En una naciente intelectualidad de origen aymara o quechua (y en sectores del campo) se empezó a desarrollar la idea de la necesidad de la construcción de un “Partido Indio” con una ideología propia, que fuera capaz no solo de terminar con el racismo, sino también de lograr la ansiada construcción nacional que durante el periodo republicano y luego con el nacionalismo había fracasado.

Fausto Reynaga, que había pasado por las experiencias del estalinismo del PIR primero, para luego quedar profundamente desilusionado del nacionalismo como diputado del MNR durante el gobierno de Villarroel, abrazará decididamente las banderas del indianismo. En 1962, intentará la construcción del Partido Indio de Bolivia, que pese a que no tuvo gran relevancia en un principio, será clave para entender el surgimiento de diversas corrientes indianistas en las dos décadas posteriores.

“Dos Bolivias” y la “Patria” como puente entre ambas

La primera fase del pensamiento de Reynaga la podemos encontrar en dos textos claves: el primero es “La Revolución India” (fines de los 60) y el segundo la “Tesis India” (para el congreso de la CNTCB en 1971). La clave de esta primera fase era el intento de convertir a los indios en un sujeto social capaz de llevar adelante la revolución india, que separándose tanto de las corrientes ideológicas nacionalistas como marxistas (por entender ambas como subproducto del mestizaje), podría salvar a Bolivia, construyendo esta vez sí una genuina Bolivia tanto para indios como mestizos. Rechaza el concepto de clases sociales, y afirma que tanto los que trabajan en las minas y fábricas son indios al igual que los que laboran la tierra, con la salvedad, que los primeros son indios narcotizados por el marxismo en la COB, y en cambio los segundos por su vínculo con la tierra y la comunidad, serían los portadores de la posibilidad de liberación y de revolución.

Dos conceptos claves de Reynaga en esta fase de su pensamiento será primero la constatación de la existencia de “dos Bolivias”, una Bolivia de Indios, y otra Bolivia del Mestizaje - blancoide, dos Bolivias que ocupan una misma Patria, ya que “la Patria”, según Reynaga, seria la tierra que ocupan ambas naciones, y que por lo tanto ambas naciones están obligadas a defender la patria. Esta visión es el concepto que le permite a Reynaga unir a las dos Bolivias, con la salvedad que esta unidad continua basándose en el estado burgués semicolonial de la Bolivia blanco - mestiza, y con ello, empezará a transitar un rumbo cada vez mas oportunista y a la derecha.

Intentará presionar al ala nacionalista o de izquierda del Ejército y así exigirá al gobierno de Ovando la realización de la “revolución india”. Ante el fracaso de esta política, buscará luego presionar al gobierno de Torres, incluso llegando a oponerse a la reanudación de relaciones diplomáticas con el Chile de Allende La Paz, enero 6 de 1971. Publicado por ediciones PIB., hasta que este país devuelva el mar. La “defensa de la patria” será el verdadero objetivo de Reynaga.

Aquí podemos ver los límites estrechos de su pensamiento y cómo la retórica indianista está en realidad al servicio de presionar a la burguesía -mestiza por cierto- a que sea más “patriota”. Su oposición a la reanudación de relaciones con Chile bajo la Unidad Popular con el argumento de la “defensa de la patria”, liquidaba hasta la posibilidad de desarrollar el panindianismo que los mismos indianistas pregonaban -que empezó a surgir en las conferencias de antropología de Barbados- ya que si todos los pueblos indígenas de Perú o de Chile actuaran con la misma lógica, la posibilidad de unir no sólo a los pueblos indios sino de lograr la unidad económica y política de toda Latinoamérica seria imposible.

El pensamiento amáutico y el surgimiento del “etnocentrismo”

Para los años 80, la evolución de Reynaga avanzará hacia lo que se conoce cono el pensamiento amáutico, con lo que inauguraría un etnocentrismo indígena. En el mismo, la clave será plantear que la raza indígena, particularmente la de origen Tiwanakota, habría sido la creadora de las grandes civilizaciones del mundo, como la egipcia, Asia Menor, el Himalaya y Europa Citado por Félix Patzi, “Sistema Comunal” Pág.47 y otras más. Planteará que de lo que se trata es restaurar sobre nuevas bases el “comunismo incaico”, contra el socialismo marxista, que sería sólo otra criatura del decadente Occidente.

Sin embargo, este misticismo indigenista que sostiene Reynaga, se complementa con una política concreta francamente de derecha. En su texto La revolución en las FFAA, plantea que esa gran transformación la podría hacer nada menos que el mismísimo García Mesa: “Ahora García Meza o el que lo reemplace, si se lo reemplaza, puede agarrar el pensamiento amáutico; y ser el Salvador de Bolivia, de América, de Europa....del mundo” Bolivia y la Revolución de las FFAA, marzo 1981 . Así, el etnocentrismo, con su romanticismo, y la mística que despliega, son funcionales a presionar permanentemente a los militares golpistas como el sujeto político capaz de iniciar de la transformación que propugna. Es decir, el movimiento indio, y su expresión política el Partido Indio de Bolivia, sólo son funcionales a presionar a las más reaccionarias expresiones de la burguesía blanco-mestiza.

El método de Reynaga

Este escabroso currículum político de Reynaga, se apoya en uno de los peores métodos de elaboración y trabajo, si es que se puede definir como método al eclecticismo. Este “método”, se basa en intentar construir un sistema de pensamiento tomando retazos de todas las corrientes y autores occidentales. Podemos encontrar citados a los más diversos autores, como por ejemplo Marx, Bujarin, Mao Tse Tung, pero también de los reaccionarios Gobineau y Spengler, el racista Chamberlain, el aprista Carnero Hocke del Perú, de Valcárcel, de Mariátegui, dirigentes de la lucha negra norteamericana y decenas de autores más. Aunque en su teoría del “partido indio” busca inspirarse en las elaboraciones de Lenin, la base de su pensamiento se basa en las corrientes más reaccionarias del pensamiento filosófico occidental como eran las elaboraciones de Gobineau y Spengler, y que preveían la inevitable decadencia de Occidente, salvo que la “raza aria”, mediante la lucha encontrara la salida. Lo que hace Reynaga es simplemente cambiar donde decía “arios” por “indios”, traficando con las más reaccionarias elaboraciones de la intelectualidad “occidental”, asustada por los efectos de la oleada revolucionaria de 1848.

La revolución socialista es la única forma de consumar las justas aspiraciones de los pueblos oprimidos

La cuestión nacional de los pueblos originarios ha sido parte de un permanente debate en el seno de la izquierda latinoamericana, y no son pocos los aportes del marxismo. Sin embargo, en nuestro país el rol nefasto del PCB que despreció el problema indígena adaptándose a la “construcción del Estado nacional” como una etapa necesaria (y por tanto al programa de castellanización y campesinización de la burguesía nacional); y los errores del POR, absolutamente mezquino y mecanicista en sus elaboraciones, con la absoluta incapacidad de ligar los aspectos democráticos y nacionales con la lucha pro el socialismo, han favorecido el surgimiento de diversas corrientes que escondiéndose detrás de las demandas de los pueblos originarios terminan propugnando políticas reformistas de colaboración de clases con un discurso indigenista o indianista.

Los socialistas revolucionarios defendemos el más amplio e irrestricto derecho de los pueblos originarios a decidir su destino, y los acompañamos en la lucha y la denuncia contra toda forma de sometimiento, discriminación y racismo. Pero al mismo tiempo, opinamos que de mantenerse las bases materiales de la explotación y la opresión racista, la discriminación y la “colonialidad”, es decir, la propiedad privada de una clase -la burguesía- sobre los medios de producción (tierra, minas, fábricas, bancos), será imposible consumar una genuina liberación para las naciones oprimidas. Solo una gran revolución obrera, campesina y popular, protagonizada por los explotados y oprimidos (lo que incluye, evidentemente, a las masas de aymaras, quechuas, etc., que forman el grueso de las capas trabajadoras del campo y la ciudad) podrá sentar las bases para construir una nueva sociedad, sin explotadores ni explotados, y como parte de ello, satisfacer plenamente las demandas de los pueblos indígenas y asegurar las condiciones para su florecimiento cultural.

Por Javo Ferreira