< Inicio
< Atrás

Palabra Obrera Nº 65

Palabra Obrera N° 64

Palabra Obrera Nº 63

Palabra Obrera Nº 62

Palabra Obrera Nº 61

Palabra Obrera Nº 60

Palabra Obrera Nº 59

Palabra Obrera Nº 58

Palabra Obrera Nº 57

Palabra Obrera Nº 56

Palabra Obrera Nº 55

Palabra Obrera Nº 54

Palabra Obrera Nº 53

Palabra Obrera Nº 52

Palabra Obrera Nº 50

Palabra Obrera Nº 49

Palabra Obrera Nº 48

Palabra Obrera Nº 45

Palabra Obrera Nº 44

Palabra Obrera Nº 43

Palabra Obrera Nº 42

Palabra Obrera Nº 41

Palabra Obrera Nº 40

Palabra Obrera Nº 39

Palabra Obrera Nº 38

Palabra Obrera Nº 37

Palabra Obrera Nº 36

Palabra Obrera Nº 35

Palabra Obrera Nº 34

Palabra Obrera Nº 33

Palabra Obrera Nº 32

Palabra Obrera N° 31

Palabra Obrera N° 30

Palabra Obrera Nº 29

Palabra Obrera Nº 28

Palabra Obrera N° 27

Palabra Obrera N° 26

Palabra Obrera N° 25

Palabra Obrera N° 24

Palabra Obrera Nº 23

Palabra Obrera Nº 22

Palabra Obrera Nº 21

Palabra Obrera Nº 20

Palabra Obrera Nº 19

Palabra Obrera Nº 18

PALABRA OBRERA Nº 17

PALABRA OBRERA Nº 16

Palabra Obrera Nº 15

Palabra Obrera Nº 14

Palabra Obrera Nº 13

Palabra Obrera Nº 12

Palabra Obrera Nº 11

Palabra Obrera N° 9

Palabra Obrera - Boletín Especial - junio 2005

Palabra Obrera Nº 8

Palabra Obrera Nº 7

Ediciones Anteriores
Revista Los Andes
Tesis Fundacionales
Anterior página web


La Supercomisión clandestina

 

Después del pacto congresal, comenzaron a conocerse los entretelones de cómo el gobierno y la oposición habían negociado durante semanas en secreto y a espaldas del pueblo.

Mientras una comisión congresal “pública” se reunía, otra, “clandestina” formada por las 4 fuerzas parlamentarias -MAS, PODEMOS, UN y MNR- rehacían el texto constitucional de arriba abajo.

Entre los principales “operadores” estuvieron los podemistas Carlos Börth y el tarijeño Roberto Ruiz, el cruceño Colanzi por Unidad Nacional y otros. El jefe neoliberal Tuto Quiroga y el “rey del cemento” Samuel Doria Medina (UN) avalaron la negociación; mientras que Carlos Romero y García Linera “tejieron” en nombre del oficialismo y con el aval de Evo.

La Razón (21/10) se frotaba las manos con el resultado editorializando que “los mejores acuerdos se consiguen entre pocos actores. Una reducida comisión de parlamentarios depuró el texto que, en un denso proceso caracterizado por los desacuerdos, había dejado una ineficaz Constituyente”.

“Las dos comisiones, una ‘visible’ y la otra ‘secreta’, cambiaron más de 200 artículos del texto aprobado en diciembre de 2007 en Oruro”, escribió Pulso (26/10).
Evo mismo, que había convocado a cientos de miles a Plaza Murillo para defender la nueva Constitución y exigir el referéndum aprobatorio, declaró que había jugado a una “constitución fuerte” para negociarla: “El Pacto de Unidad sabía exactamente que las propuestas que hicieron para aprobar en Sucre y después en Oruro eran un poco fuertes para después negociarlas. Hemos callado, y cuando hay que empezar a acordar, se acordó en los temas complementarios” (La Razón, 23/10).

Con este “método” García Linera y Evo Morales pasaron por arriba de la Asamblea, de su propia bancada constituyente y de las ilusiones democráticas de su base, a la que prometido en “refundar el país” vía nueva CPE, para convertir al texto que había sido aprobado en Sucre y Oruro en una “constitución transformer” ... modificada entre cuatro paredes hasta hacerla más “potable” para la clase dominante. La antidemocrática concertación fue sellada en la votación congresal que aprobó con 105 votos (incluyendo unos 22 opositores) el llamado a referéndum aprobatorio y dirimidor para el 25 de enero próximo.