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La independencia de clase en debate

 

En las últimas semanas y ante la permanente subordinación de la COB al gobierno y a la política de Evo Morales, en los medios sindicales y de izquierda se está discutiendo el significado y alcances de la independencia de clase, la que está inscripta en los propios estatutos de la COB.
Una interesante discusión sobre este punto se desarrolló en el ampliado de la COB en que Pedro Montes y el resto del Comité Ejecutivo decidieron ratificar el acuerdo COB-CONALCAM, el pasado septiembre y en el que participaron renombrados miembros del partido de gobierno como la senadora Leonilda Zurita, Isaac Ávalos y otros dirigentes campesinos.



Allí Leonilda Zurita planteó que la independencia de clase estaba muy bien con respecto al imperialismo, los terrateniente y la derecha, pero ¿cómo podía hablarse de independencia con respecto a los hermanos quechuas, aymaras o guaraníes hoy en el gobierno? Con argumentos como éste y otros del mismo tenor quedó sellada la subordinación de la central obrera al gobierno. Sin embargo, lo que no dijeron, es que la independencia de clase de los trabajadores y sus organizaciones, como la COB, debe ser la necesaria independencia política y organizativa de la clase obrera con respecto a sus enemigos de clase, es decir, tanto las oligarquías vinculadas al latifundio, como el empresariado, los banqueros y los patronos particulares a quienes la clase obrera debe combatir cotidianamente. La independencia de clase es precisamente para poder forjar una gran alianza con todos los sectores oprimidos y explotados del país, con el movimiento campesino y las naciones originarias en particular ofreciéndoles un programa y una estrategia obreras para la resolución de los problemas nacionales. Sin esta independencia de clase, los sectores populares y los propios trabajadores caen bajo la influencia de la burguesía y de sus aliados reformistas y nacionalistas (que además, hasta tratarán de utilizar a sectores campesinos o de la clase media empobrecida contra la clase obrera).

Lo que no dijo la Senadora es que en realidad apoyar a este gobierno no es aliarse con los campesinos e indígenas pobres, sectores sociales aliados estratégicos de la clase obrera y con los que evidentemente es necesario tejer la alianza, sino que el gobierno se compone de capas campesinas acomodadas, burócratas sindicales, e intelectuales y funcionarios de clase media y hasta sectores empresariales, cuya estrategia es la conciliación con la burguesía y cuya práctica es la gestión del Estado burgués. Vemos pues, que lejos de ser un gobierno revolucionario, es el gobierno de una capa dirigente que hace mucho y cada vez más, van divorciándose de los intereses de las bases a las que dicen representar.

Sectores del sindicalismo se esfuerzan en desparramar la idea de que la independencia de clase, es una mera independencia organizativa, con lo que en los hechos se acomodan a la presión del MAS. Nada más falso, la independencia de clase es una ubicación política concreta y antagónica, que permita combatir las posiciones de la clase dominante y de sus agentes reformistas y nacionalistas tanto como unir las fuerzas de los trabajadores para luchar consecuentemente contra las fuerzas reaccionarias y por sus propios intereses de clase.

Por eso, no sólo es necesario recuperar la independencia política y organizativa de la COB y las organizaciones sindicales frente al gobierno. Los trabajadores necesitan una expresión política propia para enfrentar a la derecha con sus propios métodos de movilización, imponer las demandas obreras y populares y dar respuesta a los grandes problemas nacionales que el reformismo no puede ni quiere resolver, y abrir el camino a una salida de fondo, obrera, campesina y popular.

Aunque la dirección cobista es enemiga de poner en pie un instrumento político de los trabajadores basado en los sindicatos, esta tarea está pendiente y los sindicatos combativos, los trabajadores de vanguardia y la izquierda que se reclama obrera y socialista, como el POR, la LOR-CI y el MST, tenemos que tomar la iniciativa en impulsarla.

Por Javo Ferreira