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¡Ni despidos, ni congelamiento salarial, ni más horas de trabajo!

Por un programa obrero para enfrentar la crisis minera

 

La caída de los precios de los principales minerales que exporta Bolivia, como el estaño, zinc, plomo, cobre y otros, está golpeando al sector. Desde fines del año pasado, son alrededor de 11 ingenios y varias explotaciones cooperativas y de la minería chica las que han reducido o paralizado operaciones.

Miles de asalariados han sido despedidos en Potosí, Oruro y La Paz. También las grandes empresas están despidiendo y buscando imponer mayores condiciones de explotación a los trabajadores, como en San Cristóbal y Sinchi Wayra.



En realidad, los propietarios y gerentes, mientras aún cuentan la plata de las grandes ganancias que hicieron estos últimos cinco años de altos precios a costa del sudor y sacrifico de los mineros, aprovechan la crisis para atacar a los trabajadores y poner a buen recuadro preventivamente su capital y sus jugosos beneficios. Para ellos, la “variable de ajuste” en sus negocios, son los obreros y sus salarios.

El gobierno los deja hacer y mientras crea fondos de compensación para el zinc y otros minerales y les otorga subsidios, a los trabajadores echados a la calle los deja librados a su suerte con la promesa de “programas de autoempleo microempresarial”, tal como hacían los gobiernos neoliberales, depositando ilusorias esperanzas en la entrega al capital extranjero de El Mutún, Corocoro, Karachipampa y otros distritos.

Más aún, en la estatal Huanuni la gerencia y COMIBOL ya están buscando que los trabajadores acepten mayores sacrificios, mientras se niegan a hacer las inversiones necesarias para el desarrollo de este rico y rentable yacimiento. Es que la política minera del gobierno es privatista, de alianza con las transnacionales y las “cooperativas” (dirigidas por empresarios con guardatojo) y hasta en el propio directorio de COMIBOL se sientan representantes de las cámaras de la minería privada.

Por eso, los trabajadores mineros deben preparar su propia respuesta ante la crisis y los ataques de los empresarios y el gobierno.

Pero, lamentablemente, dirigentes de la COB y de la Federación prefieren apoyar al gobierno y conciliar con las empresas, lo que lleva a acuerdos en los que los trabajadores se perjudican, como es el caso de Sinchi Wayra.

Hay que dotarse en el seno de la FSTMB y los sindicatos de un programa obrero para el sector minero-metalúrgico. Un programa para que la crisis la paguen las transnacionales y los capitalistas, no los trabajadores, y entre sus principales puntos deben estar:

• Ni despidos ni rebaja salarial ni prolongación de la jornada laboral

• Reparto de las horas de trabajo entre los brazos disponibles, sin reducción del salario

• Control de los trabajadores en todos los aspectos de la vida de la empresa

• Apertura de los libros de contabilidad de las grandes empresas: Sinchi Wayra, San Cristóbal, Inti Raymi, etc.

• Ocupación de las minas que cierren o despidan

• Nacionalización sin pago y bajo control obrero colectivo de la gran minería

• Por un plan de los trabajadores para el desarrollo del sector minero-metalúrgico nacionalizado que incorpore a los desocupados mineros y contemple los intereses de los cooperativistas pobres.

Este programa es inseparable de la lucha por recuperar la independencia de clase de la COB y nuestras organizaciones, y por poner en pie el instrumento político de los trabajadores, basado en los sindicatos.

SINCHI WAYRA

¿Quién ganó en el acuerdo?

El plan de “masacre blanca” de la empresa fue frenado por las movilizaciones de los trabajadores, pero aunque los ejecutivos de Sinchi Wayra aceptaron dejar sin efecto las 700 cartas de preaviso de despido (punto 3) (que posiblemente eran un chantaje para imponer sus condiciones), el acuerdo firmado por los representantes sindícales tiene cláusulas muy negativas para los trabajadores. Según La Razón y La Jornada (15/01):

“Primero: Acordar un 0% de incremento salarial para la presente gestión 2009” (esto equivale a aceptar una rebaja salarial ante la inflación acumulada).

“Segundo: Buscar entre ambas partes alternativas específicas en cada operación minera a objeto de lograr un incremento en la productividad” (es decir, que se divide a los trabajadores de los distintos centros de la empresa para que esta pueda negociar por separado cómo imponer más explotación).

“Tercero: El tratamiento de los contratos entre Empresa y trabajadores queda integrada al tratamiento del tema de productividad” (abre las puertas a nuevos ataques a las condiciones laborales).

“Cuarto: En cuanto al proyecto Totoral se acuerda la reinstalación de la comisión para la revisión de los términos del convenio suscrito entre ambas partes” (es decir, que la empresa no se comprometió a nada).
Por el sexto punto, los trabajadores aceptaron “suspender todas las medidas de presión”.

Apoyándose en esto, la empresa sigue a la ofensiva, negociando por separado en cada centro “cómo aumentar la productividad”, pretende prolongar la jornada laboral, busca más “retiros voluntarios” (como en Bolívar) y otros ataques. No extraña que el Ministro de Minería, Luis Alberto Echazú muestre “mucha satisfacción” por este acuerdo que ata las manos de los trabajadores y permite a la empresa seguir presionando, pero es lamentable el papel de los dirigentes sindicales, de la COB y de la federación que avalaron este acuerdo.

En Sinchi Wayra sigue planteada la lucha contra todo ataque al salario, la estabilidad laboral y la jornada de trabajo y contra los “aumentos de productividad” que quiere la empresa para descargar la crisis sobre las espaldas de los trabajadores.