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Editorial

Las elecciones del 4 de abril y el nuevo Estado Plurinacional

 

Finalizado el carnaval, el gobierno de Evo se lanzó con bríos renovados a la consolidación del Estado Plurinacional. En los últimos días, y como parte de la llamada “revolución democrática y cultural” las designaciones del nuevo poder judicial ocupó las primeras planas de todos los diarios. Le siguió la polémica por la apertura de los archivos secretos de las dictaduras, y finalmente se lanzó la campaña electoral del 4 de abril para gobernadores departamentales y alcaldías. Entretanto la burocracia cobista representada por Bruno Apaza y con el auspicio de la OIT ( La Patria , Or. 21 de febrero del 2010) se reúne con el viceministro de trabajo Adalberto Rojas y con Gabriel Dabdoub, representante de los empresarios privados, buscando que la alianza “obrero-patronal-gubernamental” sea “indisoluble y fortalecida”. Con los pactos que consensuaron la nueva CPE y las elecciones que le dieron una cómoda mayoría al MAS en su segundo mandato, es claro que una nueva situación política se ha abierto, cerrándose la etapa revolucionaria abierta con el levantamiento de octubre de 2003.



Un nuevo régimen de dominio para un nuevo estado semicolonial

Durante el primer mandato de Evo Morales, el equipo gobernante logró contener y desviar al movimiento de masas que desde la guerra del agua de 2000 pasando por diversas crisis nacionales hasta culminar en la insurrección de octubre del 2003 venia demoliendo la institucionalidad burguesa. Con la Asamblea Constituyente pactada con la oposición empezaron a construir un nuevo marco político, jurídico y administrativo, es decir un nuevo régimen de dominio para el nuevo “Estado plurinacional de Bolivia”. La concesión más importante del nuevo régimen al movimiento de masas es que los pueblos indígenas ahora cuentan con el derecho a constituirse en territorios “autónomos”. Sin embargo estas autonomías indígenas se reducen a ser consultadas por el gobierno central sobre el aprovechamiento por parte del Estado central de sus recursos naturales (minerales, hidrocarburos, forestales) y a la creación de eventuales impuestos locales que pagaran los mismos pueblos “autónomos”. Entre tanto la gran propiedad agraria, apropiada a expensas de los pueblos indígenas- es protegida constitucionalmente a favor de los terratenientes. Durante estos años no solo que se le garantizó a las FFAA gozar de impunidad por las matanzas llevadas adelante en octubre del 2003, sino que se las ha hecho participes de jugosos negociados como el control de las aduanas, algunas empresas estratégicas, renovación de equipamientos, etc. Como parte de este plan de reconstrucción y fortalecimiento del Estado Nacional, se solicita la apertura de los archivos secretos, buscando relegitimar ante el pueblo y la sociedad a estas instituciones represivas. En la misma tónica, la justicia, que era considerada por los trabajadores y el pueblo una genuina ratonera al servicio de las clases adineradas y de lo más rancio de la reacción, hoy son maquilladas, a tal punto que Evo Morales declaró que si la justicia funcionara, no habría necesidad de justicia comunitaria. Este acelerado proceso de fortalecimiento de las bases del Estado, sin embargo, necesita de un mecanismo que permita lograr “consenso” entre las distintas fuerzas sociales, por tal motivo la estrategia del dialogo intercultural, el dialogo económico, el dialogo educativo, etc. Estos diálogos han sido aceitados con 5 años de crecimiento en el país y utilizando el gasto y la inversión pública, con una política de rentas y bonos inédita, para paliar apenas algunas de las expresiones más escandalosas de pobreza y miseria, pero sin tocar el virtual congelamiento salarial y las garantías de “seguridad jurídica” para empresarios y terratenientes, En cambio, el gobierno, con la colaboración de la burocracia sindical, garantiza un virtual “pacto social” para contener las demandas obreras y asegurar las actuales condiciones de explotación. Entre tanto los masistas en función de gobierno se han integrado cada vez más a la clase dominante, reproduciendo vicios y costumbres de los viejos detentores del poder político. Casos como el de Santos Ramírez, Aruquipa, Abel Mamani, o el escándalo de Patzi durante la selección de candidatos nos hacen recordar cada vez más a los ‘incidentes’ con los que miristas y movimientistas condimentaron la política nacional durante décadas.

Los sindicatos al servicio de la contención

Si los neoliberales intentaron prescindir de los sindicatos, buscando dividirlos y arrinconarlos, convirtiendo los lugares de trabajo en verdaderas prisiones, hoy el gobierno del MAS, consciente de que la antigua relación de fuerzas entre las clases ha cambiado con una década de intensa lucha de clases, busca integrar los sindicatos al Estado para poder encuadrar la movimiento obrero y contener las presiones y demandas de los trabajadores. Para tal fin, conseguir una capa de dirigentes incondicionales, al servicio del pacto con el empresariado es fundamental. Es así, que la cúpula dirigente de la COB ha perdido toda timidez y ha cruzado con armas y bagajes al campo gubernamental, transformándose gracias a las virtudes de algunas prebendas en guardianes de la política gubernamental. Así, para este fin hay algunos burócratas que en su afán de escalar en la estructura del gobierno, como Patana, colaboraron desde la COR alteña en el despido de 74 trabajadores de los almacenes aduaneros o ayudaron a barrer con los intentos de los trabajadores de recuperar su sindicato de manos de dirigentes “amarillos” como en Aseo Urbano en El Alto. Ahora, intentan dividir con la colaboración del PCB al magisterio urbano nacional y en particular a la combativa Federación paceña. Esta política de cooptación de las capas dirigentes va combinada con la de mantener restricciones anti sindicales, como la del estatuto del funcionario público, en las nuevas empresas estatales como BOA. La contratación de trabajadores bajo la figura de “microempresarios” para el mantenimiento de caminos por parte de “Vías Bolivia” se ha transformado en un mecanismo rápido de precarización laboral además de impedir la organización sindical. Esta política anti obrera que ha contado con la colaboración de la burocracia sindical obliga a los trabajadores avanzados a repensar las formas de acción sindical, para imponer a las organizaciones matrices que tomen las demandas obreras y luchar por la plena independencia de clase, para que nuestras organizaciones sean instrumento de lucha de los trabajadores. Será también necesario que cada conflicto por el salario y las condiciones de trabajo, busque la coordinación con otros sectores en lucha, para evitar el aislamiento y burlar las trampas que vendrán desde los órganos matrices y desde el Ministerio de Trabajo.

Las elecciones del 4 de abril

Las elecciones de abril serán un nuevo paso en el proceso de legitimación, del nuevo régimen y sus instituciones, como las autonomías departamentales, regionales e indígenas. Además, las urnas serán también un mecanismo para dirimir los antagonismos entre las diversas camarillas del “proceso de cambio” y donde la derecha tratará de recuperar fuerzas detrás de algunos caudillos regionales. El MAS intentará consolidar su rol de fuerza hegemónica nacional para fortalecerse aún más en su papel de árbitro entre las clases nacionales y el imperialismo. Contradictoriamente a la retorica que habla de democratizar la participación, hoy se han endurecido los restrictivos y antidemocráticos mecanismos para la participación electoral impuestos por la Corte Nacional electoral y defendidos por el MAS y la derecha, haciéndose prácticamente imposibles de superar para cualquier organización obrera y popular que no cuente con financiamiento estatal o empresarial. En ese marco y ante la imposibilidad de poder presentar una alternativa obrera y socialista para las gobernaciones o municipios, es que desde la LOR-CI llamamos a abstenernos o votar en blanco o nulo.

¡Hay que construir un partido revolucionario de la Clase Obrera, Socialista e Internacionalista!!

Lo que se ha puesto en evidencia al calor de los levantamientos de la última década y ante la experiencia con cuatro años de gobierno del MAS, es que para poder imponer el conjunto de las demandas obreras, campesinas indígenas y populares, para poder nacionalizar e industrializar los recursos naturales, para cambiar sustancialmente las condiciones de trabajo en empresas, fabricas y minas, para garantizar una profunda revolución agraria que expropie el latifundio y para garantizar íntegramente y hasta el final los derechos de los pueblos indígenas, hace falta una lucha sin cuartel contra la burguesía, los terratenientes y el imperialismo, cuestión que el MAS no tiene pensado hacer. A esa perspectiva tenemos que ligar la lucha de los trabajadores contra los ataques al salario, los despidos y la prepotencia patronal, y para esto, hace falta un programa obrero que además, busque unir en una gran alianza a la clase obrera, al movimiento indígena y popular del campo y las ciudades. La lucha sindical, hoy más que nunca, es inseparable de la lucha política, pues hace falta romper la subordinación política de los sindicatos al Gobierno y sus pactos con los empresarios. Y esto significa preparar el terreno para la organización política de la clase trabajadora. Con estas conclusiones convocamos a los trabajadores, a los estudiantes avanzados, a aquellos que han visto como se han frustrando una a una las ilusiones en el actual ‘proceso de cambio’, a poner manos a la obra en la construcción de una izquierda obrera y socialista en lucha por la independencia de clase. Los socialistas revolucionarios de la LOR-CI aportamos a esta tarea en el camino de construir un genuino partido revolucionario de la clase obrera, que sea capaz de vibrar ante las luchas de los trabajadores de todo el mundo que hoy empiezan a enfrentar los efectos de la crisis capitalista mundial, un partido que sea capaz de dialogar con los sectores oprimidos por cuestiones de género y raza, y que los sume a la lucha contra los causantes de la miseria, pobreza y discriminación que sufren los trabajadores y el pueblo.
Javo Ferreira