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Las jornadas de junio y la necesidad de una estrategia obrera para vencer


Por Javo Ferreira
 

Las jornadas de junio y la necesidad de una estrategia obrera para vencer

A un año y medio del levantamiento insurreccional de Octubre del 2003, los trabajadores y el pueblo protagonizaron nuevas jornadas revolucionarias. Una vez más, el pueblo trabajador y empobrecido de El Alto estuvo a la vanguardia, de la lucha por la nacionalización de los hidrocarburos así como contra el gobierno y el parlamento de las transnacionales, arrastrando tras sí al conjunto del movimiento de protesta nacional.

Fueron tres semanas de imponentes movilizaciones de masas, de un cerco sistemático a esta “democracia para ricos”, de un enorme esfuerzo desplegado en la lucha al mismo tiempo que de un gran sacrificio para miles de familias trabajadoras y humildes que debían garantizarse el pan de cada día, y luchando por evitar los intentos permanentes de conciliar y dar una tregua a la clase dominante no solo del MAS sino también de diversos dirigentes de la FEJUVE alteña.

Con la caída de Mesa, el obligado “paso al costado” de Vaca Diez y Cossio y la asunción de un Rodríguez que no despierta mayor expectativa, la democracia de las petroleras, de los banqueros y de la “santa” iglesia ha quedado muy golpeada y en profunda crisis. Sin embargo ha sobrevivido.

Una vez más, como en Octubre del 2003, la trampa de una sucesión constitucional impulsada por el MAS y toda el ala “moderada” de la burguesía ha permitido postergar la lucha por la nacionalización de los hidrocarburos. Una vez más, las demandas de los trabajadores, el campesinado, los pueblos originarios y los pobres urbanos quedaron incumplidas.

Nada pueden esperar los trabajadores y el pueblo de Eduardo Rodríguez, Presidente de la suprema Corte de Justicia, es decir, del poder más reaccionario y conservador del Estado, de la justicia que hasta hoy mantiene una escandalosa impunidad para Goni y los masacradores de Febrero y Octubre al mismo tiempo que persigue a dirigentes sindicales, vecinales y campesinos. Su misión en el gobierno es proteger los intereses de las petroleras y preparar un “desvío electoral”. Sus decretos para "resguardar los campos petroleros e instalaciones” con efectivos militares no pueden ocultar que el objetivo es adelantarse a nuevas luchas e impedir su toma por los trabajadores y pueblos originarios.

Ahora, el nuevo gobierno, el Parlamento, con Vaca Diez y Cossio a la cabeza y las distintas alas burguesas -desde los “cívicos” de Santa Cruz al empresariado paceño- acordaron en medio de acaloradas discusiones cómo montar un “desvío” que a través de elecciones generales les permita ganar tiempo, alejar a las masas de las calles y preparar un recambio político más sólido para el año próximo.

Los cívicos cruceños insisten en imponer elecciones de prefecto y referéndum autonómico al mismo tiempo que no quieren ni oír hablar de una Constituyente, por más “consensuada” y tramposa que ésta sea.

Cuentan a su favor con la política de tregua, conciliación y capitulaciones de Evo Morales y el MAS y otras fuerzas sindicales reformistas, empeñadas en contener al movimiento de masas y encarrilar todo a través de un proceso eleccionario. ¡No hay que aceptar ninguna tregua! ¡Hay que preparar el camino para volver a la movilización, sin confiar en la trampa electoral que están montando!

Las jornadas de junio, una gran experiencia para las masas

Un paso esencial para preparar las próximas luchas es aprender las lecciones de estas jornadas de mayo y junio. Con estas acciones, y pese a que en lo inmediato no se hayan obtenido mayores conquistas, el movimiento de masas está realizando una profunda experiencia con las instituciones de la democracia burguesa, que se burlan y escamotean sistemáticamente las demandas de los trabajadores y el pueblo.

Es un importante hecho político que se haya extendido en amplios sectores la idea de la necesidad de un organismo que centralice la lucha, como sería una Asamblea Popular, expresando así la búsqueda de formas de poder de las masas, contrapuestas a las instituciones de gobierno de la clase dominante. Además, sectores de la vanguardia alteña comenzaron a comprender que para una lucha larga y decisiva como la que se planteó en junio, se necesitaban nuevas formas de organización, capaces de garantizar el autoabastecimiento popular y también la autodefensa ante eventuales “salidas de fuerza” por parte de la clase dominante y sus fuerzas represivas.

Todo esto no llegó a cristalizar por la oposición de los “altos dirigentes” y la suspensión de las movilizaciones.

La creación de la Asamblea Popular Nacional Originaria fue un intento tardío de unificar a los sectores en lucha que hasta ahora, además, no ha tenido continuidad. Sin embargo, la discusión iniciada sobre la necesidad de una Asamblea Popular, de comités de abastecimiento popular y de autodefensa comienza a ser incorporada a la conciencia y experiencia de los sectores avanzados.

¿Qué faltó para vencer?

Esta pregunta se la hicieron muchos compañeros en los puntos de bloqueos y entre la juventud trabajadora y plebeya, en momentos en que, luego de la asunción de Rodríguez sin mayor respuesta a las demandas que habían motivado el levantamiento, se hacía evidente la “descompresión”.

A pesar de su enorme fuerza, que jaqueó al régimen y asustó a toda la burguesía, la movilización de masas no tuvo una alternativa política propia que contraponer a las diversas salidas de carácter burgués para responder a la crisis revolucionaria y al virtual “vacío de gobierno”. Así, la “solución de sucre” fue impuesta con ayuda del MAS que había trabajado sistemáticamente en contra del desarrollo del levantamiento y actuó en todo momento para sostener a esta “democracia para ricos”. Jaime Solares y algunos otros dirigentes propusieron una “salida cívico-militar” para poner la fuerza del levantamiento al servicio de una salida ajena a la clase trabajadora y de los movimientos campesinos e indígenas.

Sin una alternativa política propia e independiente con que enfrentar al compromiso de Sucre, sin una adecuada preparación política y organizativa que concentrara y centralizara la energía de las masas, con las direcciones más influyentes jugadas a contener el movimiento en la búsqueda de acuerdos y negociaciones con la clase dominante, el movimiento no pudo ir más allá y se impuso la tregua del MAS, la FEJUVE y demás direcciones. Había también -es imposible negarlo- elementos de cansancio ante la falta de abastecimiento en algunos sectores populares, y sobre todo, se hizo sentir la ausencia de una perspectiva clara de poder obrero, campesino, originario y popular.
Se trata ahora de reflexionar y preparar las futuras luchas para avanzar hasta el triunfo.

Entre las conclusiones más importantes debe destacarse la necesidad de una verdadera Asamblea Popular basada en delegados revocables y elegidos en asambleas de todos los centros laborales, barrios populares y comunidades del país, que centralice el combate, e impida las divisiones artificiales a la que llevan la mayoría de los altos dirigentes, y que finalmente se erija como verdadero poder obrero, campesino, originario y popular capaz de reemplazar a las caducas instituciones de la democracia empresarial.
Pero esto no es suficiente. Es necesario construir una dirección revolucionaria, que enfrente a la política reformista del MAS y a toda variante que pretenda utilizar a los trabajadores y el pueblo “como escalera”. Hace falta al frente de las organizaciones sindicales y de masas una nueva dirección armada con una estrategia obrera para vencer. En suma, se trata de poner en pie un gran partido revolucionario de la clase obrera, que luche conscientemente por una sociedad socialista.

Con este número especial de Palabra Obrera, queremos abrir una reflexión y debate lo mas profundo posibles sobre las fortalezas y debilidades del levantamiento, extrayendo sus enseñanzas para que en los combates por venir los trabajadores de las fabricas, minas y campos del país podamos dar una salida definitiva a la degradación y descomposición nacional a la que nos arrastra la clase dominante.

Las tareas del momento:

- Denunciemos el desvío electoral que “cocinaron” en el parlamento y con el gobierno proimperialista de Rodríguez a espaldas de los trabajadores.
- Ninguna tregua. Ninguna confianza en el “desvío electoral” que quieren montar. Sólo con la movilización impondremos la nacionalización del gas y demás demandas obreras y populares.
- Discutir y reflexionar sobre los puntos fuertes y débiles del levantamiento de junio, para preparar las próximas movilizaciones
- En cada encuentro o congreso obrero, campesino o popular plantear la necesidad de una Asamblea Popular con delegados revocables elegidos en asamblea por centro de trabajo o comunidad, y a nivel local, departamental y nacional.
- Hace falta una expresión política de la clase obrera y de los sectores explotados y oprimidos para enfrentar a los partidos burgueses y reformistas en todos los escenarios(las calles, los congresos y las trampas electorales): que la COB y los sindicatos pongan en marcha la discusión y formación de un Instrumento Político de los Trabajadores, basado en los sindicatos y asambleas de base.
- Poner en pie una poderosa Juventud de la COB para impulsar esta pelea, sumar nuevas fuerzas a la organización de los trabajadores y agrupar a los miles de jóvenes precarizados o sin organización.